lunes, septiembre 14, 2009

Recuerdos para mirar al frente

Publicado en El Comercio de Gijón el 23.05.09

Tras unos cuantos cambios vitales y con un poco de desorientación, me veo en la obligación de buscarme a mí mismo. Para encontrarme he bajado a mi trastero de recuerdos y en él he hallado una postal dinámica que es como un tomavistas de los que se venden -o se vendían- en las tiendas de souvenirs de Covadonga: un pequeño televisor de plástico con diminutas diapositivas y una lente de aumento.

Clic, la Santina; clic, la estatua de Pelayo; clic, el monte Auseva; clic, la fuente de los siete caños...

Hoy mi tomavistas muestra:

Un Seat 127 blanco frente al cartel de una Felechosa nevada. Yo con un mono azul, abultadas botas de descanso y un gorro blanco y rojo. Huevos fritos con chorizo y patatas en el Rápido; y leyendo -o más bien viendo los dibujos de un 'Súper Humor'- en una cama fría y con sábanas con bolas...

Clic.

Una piñata muy grande. Gran fiesta. Un prado en Granda. Mucha familia alrededor. Cumpleaños de mis primas. Mis primos mayores con un palo y una venda en los ojos, mi madre sujetándome para que no me metiese en medio de la batalla ciega contra la abeja de cartón llena de caramelos. Hasta que le abeja sucumbía y liberaba serpentinas, confeti, chicles, matasuegras... y yo corría sonriendo a la rapiña.

Clic.

Unas zapatillas Victoria, un bañador Turbo azul y un niqui blanco. Camino con mi padre por el Muro hasta la caseta de mi abuela, a rayas azules y blancas, en la hilera entre las escaleras 14 y 15. Montañas de arena, carreras ciclistas con ciclistas de plástico y canicas y chapas. Lo más difícil: hacer el túnel, buscar la salida en la arena ya húmeda -eran túneles profundos- hasta ver la luz al otro lado.

Clic.

Una terraza de un café. Sentado los pies no me llegan al suelo. La parte de atrás de los muslos con las marcas del plástico trenzado de la silla -siempre en pantalón corto-. Leche merengada, una gran copa de leche merengada, con canela, con barquillos... Dejo una cucharada en la parte de atrás del paladar y siento cómo se bloquea mi cabeza, cómo se difuminan, por segundos, el paseo de Begoña o la calle Corrida.

Me gusta desempolvar el tomavistas... ¿De aquel niño qué queda? Creo que queda casi todo, si me quito la capa de falsa seguridad con la que caminamos los adultos.
Este sol de primavera presagia helados, pantorrillas quemadas, verdín en las perneras, amigos, familia y romería... Y todas las cosas por las que merece la pena llegar a otros veranos.


Mi vagancia natural, de la que ya había hablado en el primer artículo (aunque más que vagancia es perfecionismo. “¡Tócateloscojones,Mariloli!”), se vuelve a mostrar en el segundo. Este también fue una adaptación de un texto de Xivares. Quería escribir algo más llano, más cercano a todos, a toda una generación. Tirar de nostalgias compartidas suele funcionar en el norte. Somos gente apegada a la tierra y al pasado. Y la infancia es una época generalmente feliz para casi todos, y no necesariamente porque haya sido realmente feliz sino porque el paso del tiempo hace que recordemos lo bueno y tendamos a ir olvidando lo malo. Si no fuese así la existencia se haría casi insoportable.

El juguete del tomavistas me servía para plasmar varios momentos felices de mi vida y el propio tomavistas ya era uno de ellos.

San Isidro y el "apreski" de los primeros 80, cuando hacías noche en la estación, o cerca de ella: Felechosa, Collanzo, Isoba, Puebla de Lillo…, porque el viaje no era tan corto como ahora.

Un cumpleaños de mis primas las gemelas. El prado de Granda, que volverá a aparecer en otros textos. La familia, la fiesta…, lo asturiano de una fiesta de prao. En uno de esos cumpleaños, que creo que sólo fueron dos, pero en mi memoria ocupan muchos gigas, yo iba vestido de asturiano, tenía unos 5 años, y creo que hay una instantánea, metida en una caja de galletas (que es donde guardamos las fotos) en casa de mis padres.

La playa de San Lorenzo, común a todos los lectores del comercio. Los juegos en la arena, comunes a todos los que han ido a cualquier playa. Las referencias a las carreras con canicas y ciclistas de plástico. Aquellos que entonces eran Álvaro Pino, José Luis Laguía, Armand de las Cuevas, Bernard Hianult, Laurent Fignon…

Las terrazas de esos veranos (el toldo de la calle Corrida en donde ponían los partidos del Mundial 82), la ropa, los sabores y las sensaciones de la felicidad sin grandes lujos. De la única posible.

En todo este artículo se puede ver la influencia (o directamente copia: ya os lo digo yo) de un libro maravilloso de un francés que se llama Philippe Delerm: “El primer trago de cerveza”. El libro es una enumeración de cosas cotidianas que nos llenan de felicidad. Un pararse a degustar los pequeños detalles que nos ofrece la vida y que la mayoría de las veces no apreciamos en su justa medida porque en realidad deglutimos experiencias en vez de saborearlas.

Quise que el cierre fuese esperanzador (al igual que el título, que lo suelo poner al final) porque el exceso de mirada al pasado, la idealización del mismo, en muchas ocasiones tiene un tufillo de “bajona” que yo NO quiero transmitir. Por eso esa mirada hacia el futuro final, para construir nuevos y buenos recuerdos que están por llegar.

miércoles, septiembre 09, 2009

Redención

Publicado en El Comercio de Gijón el 16.05.09

Es inútil luchar contra la errata. Siempre está ahí, acechando entre los inocentes renglones. Y una vez descubierta, late y refulge eclipsando al resto del texto. ¡La muy 'prota' ella! El «tu» pronombre sin tilde, el baile de letras en «desasoseigo»... Las máculas de la edición, tan insoportables.

¿Quién no comete errores? Pues sólo quien no actúa, y aún sin actuación, también erramos. Pero lo importante es saber perdonarnos. Yo tiendo a obsesionarme, a obsesionarme con lo malo, por eso intento obligarme a disfrutar, a ver lo bueno... Porque mis ojos no se pueden apartar por ellos mismos de la errata.

Quizá por eso me cuesta tanto hacer las cosas: por miedo a fallar. Yo siempre me he considerado un vago natural -vamos, que no hago las cosas porque soy de espíritu flojo- pero un día, una sabía amiga psicóloga -mucho más sabia que la mayoría de los psicólogos que conozco- me dijo que quizá no fuese vago, sino que probablemente fuese demasiado perfeccionista -a mí también me entró la risa-, y que por miedo a fallar no hacía las cosas, o que las hacía sin esforzarme demasiado para, en el caso de que saliesen mal, poder justificarme a mí mismo. Y puede que sea cierto... Y no lo digo para buscar un explicación científica al hecho de que haya puesto la lavadora a las ocho y media de la mañana, y sean ya las cinco de la tarde y aún no haya tendido la ropa -que la voy a tender en cuanto acabe este escrito-, lo digo porque sí es verdad que a veces la presión que me impongo por tonterías me lleva a no actuar. Mis amigos saben bien que soy un febril maquinador de proyectos que se mantienen en potencia 'ad eternum'..., porque llevándolos al acto corro el riesgo de fracasar.

Soy cazador de erratas, sobre todo de las mías. Hay que ser benévolo con uno mismo y tomarse la vida sin tragedias. Porque, además, no podemos editarnos a nosotros mismos: este día lo quito, pego aquí un hermano, corto allí la bronca con mis padres... ¿Esta novia?..., mejor no. A esta otra..., vamos a darle más guión.

Si la teoría la sé, pero este puñetero cerebro mío segrega lo que le da la gana en dosis irregulares; y no sé qué extraña enzima hace que a veces sólo tenga ojos para los fallos. Sí, un pesimista podéis llamarlo..., pero con espíritu de redención, ¡eh!

Voy a tender.


Este fue mi debut como articulista en El Comercio. Es una adaptación de un texto de hacía unos años que estaba aquí en Xivares. Al comenzar me pidieron una foto (tardé bastante en decidir cuál mandar –señorita, yo soy un vanidoso, yo visto Emidio Tucci–) y me preguntaron también que qué profesión quería que apareciese junto a la foto y bajo mi nombre. Dudé bastante. Me hubiese gustado poner "Vividor en prácticas", "Diletante" o alguna “boutade” de ese tipo, pero no tuve valor para hacerlo (en este pueblo nos conocemos todos), así que les dije que pusiesen "editor", que es a lo que más me dedico: Guías de viaje, libros para niños y algún libro que otro para alguna institución. Por eso este texto me pareció una buena presentación. El símil vida/edición me parece acertado porque en el fondo al vivir todos seleccionamos y también, e incluso más, al recordar y la edición es básicamente eso: selección. También me pareció acertado porque presentaba uno de mis temas más recurrentes: el miedo, el miedo al error, el no actuar por miedo a fallar. Algo que nos pasa a muchos con las cosas que nos importan. Además pensé que el tema podría gustarle a mi editor del periódico, pues él tiene que sacar dos páginas a diario haciendo una edición de urgencia. Y quería seducir al editor, que es lo primero que ha de hacer alguien que escribe. Por último, y para ser totalmente sincero, una amiga que trabaja en el periódico me dijo: "Si no te da tiempo a hacer ninguno nuevo, manda el de las erratas que está guay". Y así hice.

Yo estaba contento con él. Mi familia y amigos también, aunque quizá lo encontrasen un poco críptico, pero el tono y los detalles costumbristas lo hacían un poco más digerible, eso creo yo.

El domingo, además de los más allegados, dos personas, conocidas pero no mucho, me dijeron que me habían leído (¡subidón!). Una de ellas me dijo: "¡¿Tendiste ya?!".

La curiosidad: El texto tiene dos erratas que me cantó un amigo y que ni yo ni mi editor habíamos visto. Me pareció un cierre perfecto para el texto. Hay que caminar aunque haya tropiezos y la carrera no sea todo lo estética que nos gustaría. Al final lo importante es avanzar. Con o sin erratas. Máxima de editor: No hay texto sin errata.

Desde hace unos meses mancho papel

Los que pasáis por aquí habitualmente (carcajada) habréis notado que no publico nada nuevo desde hace un tiempo. No tembléis, no os aflijáis. No he dejado de escribir. Lo que ocurre es que he pasado de ocupar espacio en un servidor a verme publicado en el diario El Comercio de Gijón.

Desde hace unos meses, las mañanas de los sábados, mis padres, mis familiares y algún que otro amigo se sienten muy orgullosos de mí (si se sienten avergonzados no me lo dicen ni me lo muestran –¡gracias!). Y a mí, para qué negarlo, también me hace ilusión que la panadera o algún vecino me diga que lo de hoy, o lo del otro día, "tabamuyprestoso" o "esomismopasameamí" o "casimesaltenleslágrimes" (los que me hayáis leído alguna vez ya sabéis la tendencia al drama que tengo -quiero pensar que es sensibilidad pero puede que sea puro melodrama).

Pero a raíz de este cambio de medio algunas decenas de lectores de Xivares (bueno, en realidad dos: hola, Bego; hola, David) que no residís en Gijón me habéis manifestado vuestro descontento por no tener acceso a mi estimado verbo (aunque salen en elcomerciodigital.com) y como no me parece justo privaros de tal tortu…, esto…, quiero decir: placer, he decidido subir al blog los artículos unos días o semanas después de que aparezcan en el periódico.

Para que aquellos que ya me leen en el Decano de la Prensa Asturiana y pasan de vez en cuando por aquí esperando encontrar más de lo mismo, he pensado que lo que haré será comentar el porqué de cada escrito. Una explicación, cuando pueda y quiera darla (hay cosas que prefiero no contar) de la génesis de ese texto o de las referencias que cito o alguna información que creo podría resultar interesante.

Sin más, os dejo con el primero que podréis leer arriba. Es probable que ya lo hayáis leído porque esto se lee de arriba abajo... Veis, años con un blog y no controlo el medio…

jueves, abril 09, 2009

Invertiré las monedas que me has dado

Antony canta “If It Be Your Will” de Leonard Cohen en la película “I’m Your Man”, un fabuloso documental sobre el cantautor canadiense. Veo el corte de esta canción en YouTube, hoy, Jueves Santo, mientras en la tele, a mi espalda, sin volumen, reponen por enésima vez “Quo Vadis”.

Y después de unos cuantos días de mar embravecido y de alma nublada, me pregunto de nuevo, seriamente enfadado con mi actitud: ¿A dónde coño voy?

Y abro Word y tecleo…, en esta santa semana:

Si este es tu deseo, si es lo que quieres, si me has creado, entre otras cosas, para esto, así lo haré. Aunque me cueste, aunque me aterre, aunque lo único que quiera hacer ahora es convertirme en un ovillo y seguir en este no hacer nada. Me puede la vagancia, tú lo sabes, y el miedo al fracaso, aunque sé que el fracaso es esto. Escribo con miedo, vivo inseguro, temo la muerte y no vivo la vida.

Pero desde esta colina hoy rota escribiré, si este es tu deseo. Desde esta colina rota en la que me parece que sólo llueve, viviré. Y sé que viviendo, que no es lo mismo que ir dejando pasar los días, viviré hasta la muerte, cumpliré tu voluntad –invertiré las monedas que me has dado (ya sean pocas o muchas)- y se alegrarán las colinas.

Sé que para llegar hay que caminar. Y no conozco el destino, pero sé que no es quedarme parado. Sé que he de vivir sin miedo, lo repito cientos de veces y me olvido de ello otras tantas. Y me aterra tu enfado conmigo. Tu enfado por mis errores, que son muchos, y que además estoy seguro de que volveré a cometerlos. Pero también tengo la absoluta certeza de que te enoja más mi falta de fe en tu perdón, mi duda de tu amor por mí, de tu apuesta por nosotros.

Sólo merece la pena vivir viviendo.

Así que si este es tu deseo cantaré, escribiré, viviré, me equivocaré y moriré algún día. Pero no parado, no esperando. En estos días de Pasión me convenzo de la necesidad de la acción.

Sé que este es tu deseo.

miércoles, septiembre 17, 2008

Luz de septiembre

Duermen los perros junto a la ría y las olas se arrojan mansas contra la arena. Nadie me oye, sólo Dios escucha mis abandonados pasos. Mi ego, demasiado firme y así también mi miedo. Con el cuerpo aparentemente tranquilo y el alma tensa. Derrotado por mí mismo, por no poder vencerme, por no poder abandonarme. Esperando a ser los perros, la ría, las olas y la arena para perder el miedo.


En el otoño
me sobran las palabras.
Me faltan tripas.

sábado, agosto 30, 2008

Good Vibrations (Beach Boys -1966)

Chris McCandless (Alexander Supertramp) quiso vivir buscando la verdad, sin importarle las consecuencias que tuviese esa búsqueda para él o para los que le rodeaban. No quería amor, no quería compasión, no quería calor, quería encontrarse a sí mismo, solo, vivir como un hombre desnudo, como un mono desnudo que diría Desmon Morris. Huyó e hirió, y fue sincero y consecuente. Y encontró. Encontró que la felicidad sólo es posible cuando es compartida.

A veces nos cuesta ver lo que tenemos delante de los ojos. Nos cuesta apreciar lo que tenemos, tememos perder, nos pesa el coste de oportunidad. Vivimos echando en falta, no valorando. A veces, sólo perdiendo ganamos realmente.

De tantas cosas he de estar agradecido, y de tantas me quejo…, y tantas doy por hechas. Las complicaciones de la vida moderna nos apartan de lo realmente importante. Y es tan fácil dar.

Temo haberme vuelto un naif new age, haber perdido mi espíritu crítico, mi acidez y mi desconfianza tan característica, mi cinismo existencial. Aunque en realidad lo deseo. La angustia y el dolor llegan solos, no veo por qué les vamos a allanar el camino. Estoy cambiando de atributos. Ojalá los viejos afloren cada vez menos.


Si monto una secta, empezad a preocuparos…, o apuntaos.

martes, agosto 12, 2008

Something good this way comes

Tengo la ventana abierta de par en par. Dejo entrar la luz, la risa, la brisa, la lluvia calida de las noches de este agosto húmedo y extraño.

He visto la vida de cerca. He visto a alguno a los que se les acaba demasiado pronto y a otros que la viven de lejos, como si quisieran que sólo les rozase.

Ya me he posicionado: alegre y esperanzado. Es lo que me exijo, lo que me pido. Lo que deseo para mí y para los que me rodean, los que me han rodeado y los que me rodearán. Intentaré hacer de mi entorno un lugar agradable y positivo. También la cagaré y sabré perdonarme.

Las nubes y las canciones en menores siempre acaban llegando, pero lo importante es que las dejemos pasar y confiemos en que después brillará el sol y sonarán acordes mayores abiertos.

Sé que así siempre llegarán cosas buenas. Esperando poco y disfrutando mucho.

...

Surfing en San Pedro, derechas pequeñas, por la cintura. Nueve y media de la noche, Adam Green tocando en la plaza mayor, se le oye desde el agua. Una buena comida a mediodía, un gin-tonic esperando tras la ducha. Silbo una bonita canción que me llena de gozo, mientras busco un torpe y tramposo hang five a contramano.

Grandes niveles de endorfinas en mi cerebro. Hoy Dios acaricia mi pelo. Sé que le gusta mi nueva actitud.

En contra del viento

¿Cuánto tiempo hacía que no le veía? Mucho, muchísimo.

Estuvimos durante una hora frente a unas cervezas, comiendo y derramando pasas, almendras y recuerdos sobre la barra.

Cabalgamos juntos durante años hasta que un día desmontamos, afortunadamente para ambos.

Ahora estaba jodido, recientemente jodido. Me decía que se sentía un poco como antes, eso en los mejores momentos. Que había vuelto a ese tipo de vida. De vuelta a las copas y las risas de noche, y a los bajones de tarde.

Yo aún recuerdo cuando los días los contábamos por el número de copas bebidas, y no teníamos ningún remordimiento. Hacíamos lo que esperábamos, era lo que teníamos planeado y lo que nos tocaba. Parece que fue ayer. Éramos jóvenes y de aquello ya hace más de diez años. Creímos que aquello no se acabaría nunca, aunque en el fondo sabíamos que tenía fecha de caducidad, de hecho hasta lo deseábamos. Y le pusimos fin por eso, porque quisimos. Las cosas buenas tienen que terminar. Por eso Aquiles envidia a los mortales.

Pero la vida cambia de argumento más de una vez. Y a veces no somos nosotros los guionistas. Casi nunca. Ahora le habían hecho un remake de sus tiempos pasados.

Me decía que había estado muy bien varios años. Muy feliz, moderadamente feliz, después tirando, luego mal y después… las cosas se acabaron entre ellos. Igual que se habían acabado antes nuestros días de vino y rosas.

Ahora había vuelto a las noches y se estaba acomodando, pero a ratos sentía que no pertenecía a ese sitio, a esas costumbres. “No tengo edad” decía, mientras me proponía ir a tomarnos otra cerveza.

Con arrugas alrededor de los ojos, con canas y menos pelo. Más sabios, deseando serlo menos. Cuando la experiencia entra por la puerta, la frescura y la inocencia salen por la ventana.

Pero ya sabía que debía dejar de correr contra el viento y estaba aprendiendo a dejarse fluir.

miércoles, junio 18, 2008

Marcados de rojo (Más grandes que ayer)

La épica llega toda de golpe.
Hay días para la lírica y días para desempolvar los cañones.
A veces, no muchas,
Las salvas rompen los silencios de la quietud de diario.
El domingo fue una tarde de pechos desbordados, de suspiros profundos
Y de renovaciones.

Diez años sin gloria,
Cien mil almas conquistan una ciudad callada asomada al Cantábrico.
Rojo y blanco impregnan los balcones, las terrazas, las estatuas.
La alegría se adhiere a nuestros labios,
Como los adolescentes se entregan al amor: sin miedo y sin futuro, sólo con su presente.

El triunfo se celebra con ansia,
Como sólo los vencidos que siguen luchando saben valorarlo.
Euforia y desorden en una noche de domingo con sabor a sábado.

Lejos, mientras Quini llora emocionado los goles de su equipo y el cariño de su estadio;

En otro coliseo,
Un hombre se enfrenta con la ética de un Héctor a su lucha por Troya.
Malos toros, grandes crónicas.
Tres cornadas, dos orejas, pronóstico grave.
Las leyendas consiguen estas cosas.
La leyenda crece faena a faena, entrevista a entrevista.
Y crecen las envidias con cada muletazo, con cada comentario.
Mientras, sobrecogidos, conteniendo el aliento, apreciando la vida porque vemos la muerte tan de cerca, creemos y dudamos con cada movimiento.
Vemos cómo sólo los locos pueden hacernos cuerdos.
¿O los locos somos nosotros?

Los héroes, los ejemplos.
Los héroes, miserables en sus pequeñas cosas.
Los héroes, tan mortales como los comunes,
Pero con gestos que hacen que la naturaleza encoja ante el genio del hombre.

Gijón, Madrid, Quini, José Tomás: la épica de un 15 de junio cualquiera.

martes, marzo 18, 2008

El eterno retorno

Un río de dolor y miedo hace que el silencio inunde la página de blancos durante meses. La voz enmudece paralizada por la duda. Qué decir y por qué. Sobre todo por qué. Para qué.

En tiempos de glotonería lectora, se desarrolla una obesidad intelectual que no produce lo que debería. Ya saben ustedes que me abruman los buenos, los admiro con envidia. Algún psicoanalítico me dirá que he de matar al padre, a los padres intelectuales, literarios.

El deber hacer, el miedo al fracaso y la pereza: tema recurrente de este blog.


Encontré recientemente en un maravilloso escritor, que además de saber escribir sabe sobre escritura, el siguiente parlamento en boca de uno de sus personajes: un profesor de literatura de Stanford que le comenta a un amigo por qué sus libros, los que él mismo había escrito, eran malos y por qué había dejado de escribir.


“Son malos […], pero son lo mejor que podía hacer en ese momento. Los grandes libros jamás se escriben. Las personas que podrían hacerlo no saben escribir, que tiene su truco. Cualquier tonto que aprenda el truco de escribir puede hacerse famoso si está dispuesto a trabajar. Dade [el hermano del personaje que habla, al que este admira como hombre de acción] ha olvidado más de lo que yo sabré en toda mi vida. Es un solitario. Nadie sabrá nunca lo que Dade sabe, acerca de cualquier cosa, de todos y cada uno de nosotros, de nuestras mentiras, las buenas y las malas. Yo sé escribir, pero ¿y qué? Dejé de escribir porque me di cuenta de que no es más que un truco.”



Ya tengo otra excusa…, y sin embargo no me siento satisfecho.



¡Ah! El texto es de “Cosa de Risa
” de William Saroyan. It's worth reading.

sábado, septiembre 01, 2007

Searching for belonging

La carretera está viva. Nos buscamos como fantasmas que persiguen a Dios. Como condenados que aún no han pagado sus penas. No sabemos quiénes somos…, ni siquiera quiénes queremos ser. Lo único que vislumbramos es en quién no nos queremos convertir. Esto se asemeja más a una huida que a una búsqueda.

Nos conducimos dolidos y arrepentidos y buscamos la risa en las caras de los niños, la esperanza en cada amanecer, el descanso reparador del sueño del que realmente está cansado, del que vive sin freno.

Pero ya hemos experimentado que no hay descanso y respiramos con dificultad. Tenemos esta humedad metida en los pulmones, esta humedad de norte que nos arroja el mar. Somos llámpares en un pedrero, centollos en una cetárea, un chicharro que se retuerce en la cesta de un pescador.

Intentamos huir, intentamos huirnos. Pero no hay descanso, cuanto más corremos más nos desasosegamos.

Hagamos un fuego y abracémonos, el mundo es demasiado pequeño para encontrar respuesta y demasiado vasto y abrupto para seguir corriendo. Vivamos con nuestros pequeños dolores, con nuestros vacíos y nuestros miedos, con nuestras dudas. Vivamos así: juntos al calor del hogar. Construyamos un llar donde sobrevivir y cuando el miedo nos empuje a correr, pensemos en lo que es vivir como fugitivos. Tenemos edad para saber que no hay descanso, que no hay lugar. Sólo tenemos nuestra duda y nuestra fe, y ambas las olvidamos más de lo que deberíamos.

Fréname cuando quiera correr y empújame cuando me veas parado. Prometo hacer lo mismo.

jueves, agosto 09, 2007

Somos capaces de lo peor, pero también de lo mejor.

En las cristalinas noches estrelladas, frente al gélido viento norte de una tarde de verano, en las playas vacías, en las olas con demasiada agua que no llegan a romper, en los cines viejos con butacas que necesitan ser retapizadas, en los bares llenos, en la cima de los montes y en lo profundo de los valles somos capaces de lo mejor y también de lo peor.

En los exámenes sin preparar, en las rupturas traumáticas, en el silencio violento de un velatorio, en las colas del supermercado, en las caídas tontas, en el gozo contenido de una sala de maternidad, en medio del dolor físico, en el miedo al fracaso, en la embriaguez del éxito, en el futuro oscuro y en el pasado estéril somos capaces de lo peor pero también de lo mejor.

Somos humanos y tenemos capacidades, entre ellas, la capacidad de modificar nuestras capacidades.

A veces se nos olvida vivir como hombres.

martes, marzo 27, 2007

Soul surfing

A veces se suceden extraños los pensamientos en la mente. Sin aparente relación, sin un claro vínculo con el momento. No sé por qué comenzó a pensar, mientras remontaba tras una larga izquierda, en Jón Þór Birgisson, ciego de un ojo de nacimiento. Quizá fue porque el pelo mojado le tapaba parcialmente la cara y veía con dificultad. Quizá fue porque había tarareado en la ola anterior “Njosnavelin” mientras subía y bajaba del labio a la panza en esa larga izquierda de Rodiles. Un Rodiles idílico, sólo tres amigos en el agua y olas más babosas de las que se suelen ver por esos lares. Se sentía feliz y extraño, buen baño en un spot habitualmente vedado para un tablonero tranquilo como él.

Chupó un par de olas antes de llegar al pico, cansado por la larga remada y la corriente terca que no le dejaba avanzar. Pero no sentía los brazos ni el cuello doloridos. Pensaba en Islandia, quizás por el frío de esta agua de marzo, removida por el maretón de los días anteriores. Pensaba en la vista en estereo, en el mundo distinto para todos. En la perspectiva de las cosas, tan cambiante. Se sentó en el tablón, mirando el cielo plomizo y las gotas de lluvia sobre el agua.

Llegó la serie y gritó en la primera ola “¡dale, dale tú!” a un amigo que estaba delante. Volvió despacio el tablón y pensó “voy”. Sintió como la fuerza de la ola le levantaba por detrás mientras daba cuatro o cinco brazadas con más fuerza de la habitual. Contempló la verticalidad del take off y con un gesto inconsciente se puso de pie para encarar en un marcado botton la pared de la izquierda más cotizada de esta tierra verde y gris. Con el rabillo del ojo le pareció ver el vacío pinar. Comenzó a tararear “Njosnavelin” mientras agradecía estos días.

Y con el tempo calmado de Sigur Ros y la fuerza emocionante de esa larguísima izquierda pensó en Dios.

sábado, febrero 03, 2007

Asomado a la leyenda

Phil Kaufman miró sorprendido las llamas, en un breve instante de lucidez que se abrió en medio de la tormenta neuronal que experimentaba. Hasta ese momento sonreía y lloraba y flotaba sobre el desierto, ligero, sin peso en su cuerpo. Pero durante unos segundos contempló el fuego y sintió un olor que le recordó las barbacoas de los bares de carretera. Se horrorizó de la escena, de la situación, y sintió pena, pena por él, dolor por su amigo. Por su amigo, que corrió sin freno por la vida, por su amigo, su amigo con un don que él había envidiado, su amigo, envidiado por tantos otros, su amigo de talento, de verdadero talento, con una sensibilidad tan pura como destructiva.

-¿Qué estamos haciendo? -se preguntó al ver la piel de Gram tensándose y ennegreciéndose.

Duró poco la luz en su cerebro y comenzaron de nuevo las luces, las luces de antes, amplificadas por el fuego. Y vio el alma del cantante flotar sobre los extraños árboles de Josué. Y le despidió con los ojos entrecerrados antes de caer semiinconsciente sobre la tierra.

viernes, diciembre 01, 2006

Amor / Tiempo de adviento

Qué despacio ha llegado el invierno este año. El calor nos ha abandonado muy lentamente y hemos vivimos una primavera repe. Los animales estaban revueltos y las cosechas confusas. Los árboles no sabían si arrojar sus hojas o si florecer al abrigo de un viento sur, tan poco común por estos lares.

Pero el frío llega, callando a los apocalípticos y recordándonos que vivir encogiendo los músculos nos acerca más a nuestro cuerpo y a nuestras almas.

El frío llega para susurrarnos que somos monos desnudos. Y con la piel tirante, los labios ariados y las manos en los bolsillos no podemos ser tan orgullosos.

Las luces de la Navidad, tan raras hace unos días, a 17 grados, nos calientan ahora con su luz artificial. Esta luz que ilumina nuestra esperanza. Porque con el frío nos sentimos más solos, y nos buscamos.

No es baladí que la Navidad esté en el quicio de la puerta del invierno. Necesitamos la Buena Noticia cuando nos damos cuenta de que somos débiles y estamos indefensos, y estas largas y frías noches nos ubican en nuestra dimensión.

Y nos reunimos para compartirnos. Y brindamos para celebrarnos. Y agradecemos que nos amen. Y queremos darnos. Y sonreímos con cierta tristeza, porque riendo nos exorcizamos.

En estos días nos sabemos pequeños y sabemos que la grandeza, aunque jamás la alcancemos, está en nosotros.

Felices encuentros con los vuestros y con vosotros.

miércoles, noviembre 29, 2006

Coche nuevo de segunda mano

Le pregunto.
Le planteo las dudas más grandes.

No qué hora es.
No si hace frío.

Le formulo las mayores preguntas,
Las de boca pequeña y mente desbordada:
¿De dónde diablos vengo?
¿A dónde coño voy?

Pero sobre todo, de forma recurrente:
¿Para qué lo hago?
¿Cuál es el fin de esto?

Le trasmito las dudas de las noches en vela.

Deseando que en algún momento conteste como espero.

Pero creo que me he confundido al comprar
Que me ha seducido la pegatina que reza en el cristal trasero:

“Volvo, respuesta segura”



Aunque quizá no esté tan confundido,
Y el ajado cartel me está dando respuesta…


Por eso me esmero en...

Rodar.

sábado, noviembre 25, 2006

Diálogo sobre la creación artística: ¿Necesaria?

FranciscoNixon cuenta en su blog una anécdota en la que aparezco mencionado y quise contestarle. La respuesta era muy extensa para ponerla en sus “comments”, así que la publico aquí, en mi casa.

Fran:

¡Qué buena la introducción! No hay nada como las anécdotas para acercarnos al contenido de un texto. Nos unen al autor, nos dejan ver cosas de sí mismo, de su realidad…-en el fondo somos unos cotillas-.

De todas formas, hay una cosa que falta en tu explicación de mi silencio artístico. Obviamente haría que te alejases del mensaje que pretendes trasmitir, pero yo –como aludido (como diría los que entran por teléfono en “Aquí hay Tomate”) – me veo en la obligación de puntualizar alguna cosa que ya sabes. El no hacer ruido es un punto importante en mi silencio, pero el motivo crucial es el miedo a fallar. En potencia somos lo que queramos, pero la realización nos lleva al mundo del éxito o del error. Y yo soy, en cuestiones artísticas, muy cobarde. Es como tener un as en la manga, aunque nunca juegues ni una mano. Quizá, de lo que no soy capaz es de disfrutar del proceso y sólo me enfoco al resultado, como bien dices. Cualquiera que me conozca un poco sabe que siempre hablo del camino y no del destino, y hablo de ello por que soy incapaz de vivirlo. Sé lo que he de hacer, pero no soy capaz de hacerlo. Algo bastante habitual en la educación occidental. ¿Qué hubiese pasado si en el templo de Apolo, en vez de “Conócete a ti mismo” hubiese puesto “Camina”? Siempre tengo los saberes orientales en la boca, pero no en el alma.

Creo que el jueves, con un exceso de tónica y ginebra en mi torrente sanguíneo, Igor y tú me vilipendiabais por esgrimir un argumento de un romántico alemán en mi defensa. Decíais que era el colmo del coñazo vital (no así como los románticos ingleses, entregados a un hedonismo que los germanos no profesaban). Aquí te copio la cita que yo intentaba hacer: Es Rilke a Frank Xaver Kappuz en “Cartas a un joven Poeta”:

“Examine ese fundamento que usted llama escribir; ponga a prueba si extiende sus raíces hasta el lugar más profundo de su corazón; reconozca si se moriría usted si le privara de escribir. Esto, sobre todo, pregúnteselo en la hora más silenciosa de su noche: ¿debo escribir? Excave en sí mismo, en busca de una respuesta profunda. Y si esta hubiera ser de asentimiento, si hubiera usted de enfrentarse a esta grave pregunta con un enérgico y sencillo debo, entonces construya su vida según esa necesidad…”

Yo no sé si mi debo es enérgico y desde luego no es sencillo.

El tuyo está claro y es muy enérgico, prueba de ello son tus años de vida adulta: dedicados a la música. Momentos con el viento a favor, días de tormenta y temporadas de calma chicha, que son las que ponen a prueba la energía de ese “debo” creador. El disco de Nixon tiene una justificación personal muy clara, y una justificación artística más clara aún: debo hacer algo solo…, mío…, sólo mío... Y además, había gente esperándolo. Te lo debías y se lo debías. Nos lo debías.

Y además tiene que haber más, porque, como ya dije hace unos días, más es sinónimo de mejor.

Consejos doy, pero pa’ mí no tengo.

martes, septiembre 26, 2006

¿Cómo conocer?

Lanzó, apenado e iracundo, el guijarro. Lo vimos planear hasta el suelo, a unos metros de nosotros, sabiendo que aquella roca, inerte, no iba a volver. “¿Veis?” nos dijo, “hay objetos sin voluntades... Sin voluntad, como los pergaminos, como los escritos”. Todos nos miramos e intuimos que ahora vendría una perorata ya oída. La disertación sobre los seres físicos había terminado. Llegaba el turno de su pesadilla. “... Que escriba, me piden algunos. Incluso alguno de vosotros. ¡Qué insensatez! ¿No os dais cuenta de que las letras no responden, de que las letras sólo hablan y no escuchan? Pretenden que ponga mis enseñanzas por escrito... ¡Yo no sé lo que sé! Sólo con vuestras preguntas o ante el vuelo de las alondras, o tras una noche fría o una tarde ardiente, descubro mis saberes. ¿Cómo, entonces, podré ponerlos sobre piel o pergamino?”

...

Busco en los kioscos el tercer número de la revista Glide: longboard y retrosurf para tiempos modernos. Para románticos y nostálgicos. Internet ofrece abundantes datos sobre ese tema, pero uno no siempre encuentra lo que busca, muchas veces damos con contenidos pobres y deslavazados y, lo más importante, uno, a veces, no sabe ni lo que está buscando. Nunca me han gustado las revistas de surf, siempre me han parecido que están muy mal editadas y que cuidan poco sus textos. Lo entiendo. La imagen pesa mucho y las letras pueden no interesar a su público objetivo. Yo no soy su público objetivo y está bien. No tengo por qué serlo. Pero esta revista es distinta. Lo que cuenta es nutritivo. Datos a los que es difícil acceder si no es en ella. Y, para colmo, no la encuentro en ningún kiosco. Debería dar igual hoy en día. Podría encontrar esa información en otras fuentes, ¿o no? Seguramente sí. Pero me llevaría muchas horas de búsquedas en Google, de lecturas vacías, de traducciones arduas... Es un conocimiento de adquisición lenta, de datos difícilmente cotejables. En la Red el universo es tan amplio que uno no sabe de qué fuentes fiarse. Sí, yo me fío de los editores de Glide, aunque también tengan más erratas de las que me gustaría encontrar. En definitiva, confío en su criterio de contenidos. Los adopto como maestros, como iniciadores.

El surfing es una actividad estrechamente ligada a las partes más sensibles del alma, por eso, cuando hablas con alguien de sus años sobre una tabla, inevitablemente surgen recuerdos llenos de subjetividades. Se acumulan, tras charlas con distintos individuos, informaciones contradictorias... Y uno, neófito, necesita editores, voces autorizadas...

Creo que, como el antiguo maestro que desconfía de la palabra escrita, para algunas cosas estoy anclado en un tiempo pasado, y necesito papel, literatura (letra que dura), y no bits con información abundante que aparece y desaparece. Y aunque seamos postmodernos: leyendo y escribiendo en la Red, citando fuentes, a veces difícilmente cotejables..., para algunas cosas me veo antiguo (antiguo de hace doce o quince años – que ahora parecen tan lejanos-). Tengo cierta resistencia al cambio. Y sé que no es una cuestión de formatos. Es una cuestión de voces autorizadas, de editores, de alguien que nos seleccione el qué y el cómo. Alguien que como el maestro emita un discurso autorizado. Aunque seamos nosotros mismos quienes lo autoricemos.

Hay mucho ruido en la Red, y sólo el que conoce puede discriminar. Yo necesito maestros.

lunes, agosto 21, 2006

90% transpiración..., o más.

Envidia: 2. f. Emulación, deseo de algo que no se posee.

Más de una vez he sentido envidia al leer un texto. Muchas veces la siento. Profunda, insana, producto de una frustración, de un querer ser. Envidia de una voz, de un conjunto ordenado de palabras.

A veces me da vértigo asomarme a la precisión flexible de algunos autores: cuando la prosa es ágil y sólida, cuando los lees sin ningún esfuerzo, cuando percibes la fluidez de su escritura y lo certero de su expresión.

Yo leo mis líneas encorsetadas y rígidas cuando quiero ser concreto, y vanas y gruesas cuando fluyen. Hay ocasiones, tampoco es cuestión sólo de fustigarse, en las que aparecen afortunadas combinaciones, pero duran poco, ni siquiera un párrafo la mayor de las veces. Por eso, qué rabia me invade cuando gozo y sufro al ver que otros mantienen durante páginas y páginas la precisión desenvuelta de una narración “envidiable”.

Es el zen en el arte de la escritura: conseguir, con la mecanización de un acto, la máxima libertad, y que el resultado sean textos como agua para el sediento. ¿Ejemplos? Muchos. Clásicos, modernos… ¿Quién, con alguna aspiración literaria, no se muerde los labios de placer y rencor al leer Moby Dick? ¿Quién no se pregunta por qué él sí y yo no al leer a un jovencísimo Safran Foer?...

Pero de nada sirve lamentarse, y la respuesta es sencilla. Ellos escribían, escriben, horas y más horas. Automatizan su escritura para que, paradójicamente, resulte fluida y flexible. Para lograr la libertad hay que atarse a la silla. Para que no nos perturben las comas, la gramática, las figuras retóricas hay que ensayarlas tanto que después sólo veamos la carrera y no los pasos que la conforman.

El artesano precede al artista. Y más es necesario para ser mejor.

...

Ha pasado más de un mes desde el último post.

martes, julio 04, 2006

Humildes y amados

There’s a storm outside, and the gap between crack and thunder
Crack and thunder, is closing in, is closing in

Sometimes James

Llueve y no puedo salir del café. No sólo llueve, una tormenta ilumina la calle oscurecida por las nubes. Cada treinta segundos un chispazo anuncia un estruendo. Impresiona la fuerza de la luz, la fuerza del sonido, la fuerza de las gotas de lluvia rebotando sobre las aceras. Nos hace más pequeños y desnudos. No es la lluvia de invierno: controlable con ropas y paraguas. La tormenta sorprende. Es un ataque de guerrillas, la escaramuza ágil y violenta de los elementos. Me siento indefenso y pierdo todo orgullo. La gente, desde este lado del cristal, se sonríe, como dando por hecho que esto va a pasar, la experiencia así lo dicta, pero yo estoy seguro de que el sonido y la furia desmoronan certezas fraguadas en tiempo de bonanza. La tormenta nos recuerda lo que somos. Somos Job en busca de sentido. Somos Job queriendo sentirnos queridos.

Y la tormenta pasa y, aunque no lo emitamos, un suspiro de alivio se produce en nosotros.

Nos sentimos queridos. Somos los elegidos.

viernes, junio 02, 2006

Empatía

En la piscina. Abatido, pero no mucho, lo normal en un tío un poco coñazo tras un día un poco coñazo. Abro la pesada puerta cuasi-hermética y siento el calor húmedo propio de ese ambiente cerrado y artificial de las piscinas climatizadas. Camino buscando con la vista las calles menos concurridas. Es temprano y apenas hay gente nadando. Oigo el movimiento rítmico del agua que se desborda por las orillas del vaso...

De pronto, una carcajada, un sonido que en ese contexto me resulta extraño... Y otro sonido que no identifico claramente: lleno de ¿nervios?, de ¿miedo?, de ¿emoción?, de ¿alegría?...

Miro hacia la calle número uno. Hay un chico en el agua con una burbuja. Junto a él, de pie en la orilla, hay otro chico, un monitor, supongo. En la grada veo a un hombre sonriente que los mira con atención.

El sonido que emite el chico desde el agua me pone la carne de gallina: otra carcajada, los ánimos del monitor... Al acercarme le veo la cara: los ojos muy abiertos, sonríe con cada uno de sus músculos. Se agita con brío, mientras se sujeta a un palo de aluminio que sostiene desde tierra su monitor.

Ya había visto a ese chico antes: en el parking, en el vestuario, caminado con su padre –que ahora esta en la grada-. Tiene una parálisis cerebral, camina con dificultad, pero siempre sonríe.


Ahora ya sé porque sonríe. La piscina despierta en él una emoción que yo ya comenzaba a creer extinta.

Me sumerjo en el agua oyendo su júbilo, su sonido emocionado.
Se me nublan los ojos. Hacía tiempo que yo no sentía tal felicidad.

Mis lágrimas se mezclan con el cloro.

...

viernes, mayo 12, 2006

I'm a pain in the… back

Tengo un dolor en la espalda que es parte de mí. No recuerdo haber pasado más de una semana sin ser consciente de él. Creo que es postural, sé que es postural. “¿Te pasas mucho tiempo sentado?” me preguntan. “Pues sí, lo normal en estos tiempos: coche, oficina, ordenador en casa… Sí, mucho tiempo” respondo. “Es que caminas encorvado” también me dicen. Ya lo sé, es genético: camino como mi padre. Debemos de ser una parte del eslabón perdido, no llegamos del todo a dejar de mirar el suelo para mirar al frente… Eso explicaría muchas cosas.

En días como hoy, después de darme un baño me duele especialmente. Tengo un amigo que es fisioterapeuta y me dice: “Claro, estás cargado de remar”. Tiene razón. Pero yo no busco explicaciones, busco alivio.

Aunque creo que prefiero ser consciente de mi espalda: de mis omóplatos y mis cervicales, que de otras partes de mi cuerpo. Los hipocondríacos necesitamos pequeños dolores que no nos preocupen demasiado para no oír males mayores.

Mi dolor de espalda es mi analgésico para las grandes tormentas.

miércoles, mayo 03, 2006

Tan lejos, tan cerca

Una revolución.
Luego una guerra.
Ángel González

No hubo revolución
No hubo una guerra.
El cambio se produjo sin temblores,
Sin estallidos, sin sangre en las aceras.
Mis primeros pasos en la tierra
No acompañaron grandes transiciones,
La Transición pasaba pasajera,
Sin ruido de sables, ni velas en la iglesia.
Algún asesinato que demostraba el hecho
De que la voz era el arma más certera.
Pero poco más…
Jerséis de lana hechos por la abuela,
Con las agujas de tejer que eran mis flechas.
Colores ocres en el parque, los estorninos se iban en primavera.

El cambio más notorio de aquel 23 F fue tan solo:
Suspensión de las clases escolares,
Tele por la mañana,
“coño” en boca de todos.
Hizo falta que alguien entrara en el Congreso
Para que aquella caja comenzase a encenderse
Entre semana antes del mediodía.
Aunque pasarían aún unos años
Y fue Jesús Hermida quien comenzó a hacernos
Vivir en culebrones mexicanos, en Santa Barbara
Que no era patrona de mineros sino lujo barato
Justo antes de la lentejas…
Y todo intrascendente y rutinario.



Y sin tener motivo me emociono
Pensando en aquel tiempo tan lejano…
… en los libros de Historia del año 2030.

martes, abril 11, 2006

Contradicciones / Seres bipolares

a) Reinhold Meisner siente un miedo cerval al vacío y tiene los pies planos. Siempre utiliza las escaleras mecánicas en los aeropuertos y en los centros comerciales, y sólo puede dormir sobre un colchón de látex.

b) Hoy he comprado chocolate blanco, cockies de chocolate, sirope de chocolate, pesto, edulcorante light y yogures naturlínea.

Una de estas dos afirmaciones no es cierta. Adivine cuál.



La mentira, la fábula, siempre es más jugosa. Como bien sabía Wilde.

martes, febrero 07, 2006

Actitud textil

A veces el tiempo se detiene aunque avancen los días. A la nueva temporada, le siguen las rebajas, y tras estas, una nueva temporada. Tras la lana llega la manga corta, y luego otras rebajas, y así ad infinitum.

Algunos llevamos la misma actitud durante años. Nos da la sensación de que nunca hay renovación de armario. Tenemos el mismo gesto colgado de todas las perchas. Otros, en cambio, viven un desfile de estados de ánimo y de expresiones de estos.

Yo, la verdad, soy bastante estatua de mármol. Y, sin embargo, vivo en una continua montaña rusa interior, pero no se me nota mucho. Siempre llevo la misma careta, que es más de ethos que de pathos, he de reconocer. Además, me he acostumbrado a ser coñazo: pesimista y negativo. Supongo que para no sufrir. Pero llega un momento en el que se te olvida sonreír de tanto curarte en salud, y por no llevarte chascos, vives en un chasco permanente. Eso sí, puedes decir cuando algo sale mal: “Yo ya lo sabía, por eso tengo esta cara de anguila”. Lo malo es que cuando algo sale bien, también se te queda cara de anguila. De anguila que sonríe. Pero una anguila que sonríe parece más triste que un mono que llora. Eso lo saben bien todos los que hayan visto un mono vestido de botones.

Así que voy a hacer un acto de contrición, otro más, el mismo de siempre, para que la expresión de mis emociones coincida con la de mis estados de ánimo. Al igual que me visto distinto para el frío que para el calor, voy a abandonar el abrigo de invierno en el mes de agosto y voy a trabajar más mi actitud de verano: la manga corta, las chanclas y las bermudas de la expresión.

La sonrisa amplia pasará a ser parte de mi fondo de armario.

Como dice el Eclesiastés: Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol. Un tiempo para vestir de invierno y un tiempo para vestir de verano. Un tiempo para ir de Robert Smith y un tiempo para ir de Paul Smith...


Iré sacando las rayas de colores.

jueves, enero 05, 2006

Escuchando la vida (séptima entrega)

Una de Navidad

—Fue frente al Wha?, hijo, yo había salido de otro café y estaba un poco borracho…, bueno, bastante borracho. Me había enfadado con la terca de tu abuela y había cogido el tren hasta el Greenwich Village y me había puesto a beber cerveza con unos irlandeses. Fue sin querer, por la torpeza de estos pies planos, que tu hermano ha heredado…, y también porque ocho pintas de Guiness son mucha Guiness… Y allí ocurrió: Choqué con él. Le golpeé con el codo en el costado. Él estaba muy delgado y perdió el equilibrio. Cayó al suelo y se abrió el estuche en el que llevaba su guitarra. “Perdona”, le dije. “No pasa nada, amigo. Todos nos hemos emborrachado alguna vez…”, me contestó. Yo, mientras le ayudaba a levantarse, le invité a tomarnos una copa en un bar. Y él me dijo muy serio: “A estas horas no, amigo. Lo mejor que puede hacer es irse a su casa y dormir un poco”. Y luego dijo cuando se alejaba: “Parece que va a caer una buena…”. Sí, sí, dijo eso…


Esa es la anécdota que mi abuelo contaba todas las navidades. Todas, todas. En cuanto se tomaba unas copas de vino... Siempre tocaba. Era el punto álgido de su vida de emigrante. El punto álgido de sus años en América. Supongo que el punto álgido de su vida en general. Da igual que haya tenido tres hijos -entre ellos mi madre- o que haya levantado una pequeña empresa de la que viven unas cuantas familias. Todo eso no tiene importancia… Lo que recordaba a sus setenta y muchos años, y sentía que tenía que transmitir a sus nietos, era el día que conoció a Bob Dylan.

Mi madre, mis hermanos y primos estaban hartos de esa historia. A mí me gustaba escucharla. En su casa sólo había discos de Dylan. Ni un disco más. Ni siquiera de mi abuela, de mi madre o de mis tíos, ni uno más. Y jamás se ponían. De hecho, no tenían tocadiscos…

Ahora los tengo yo. Nadie más los quiso.



A mis amigos ya les he contado en más de una ocasión que mi abuelo conoció a Dylan. Mi novia pone mala cara cada vez que me arranco con la anécdota. "¡Ya estamos con el dichoso musiquito!", dice siempre. Creo que como esto siga así, terminaré contándoselo a mis nietos, que no sabrán ni quién era Bob Dylan…

lunes, noviembre 21, 2005

Anochece noviembre / El poder de nosotros

La luna cubre con papel de aluminio la playa.
En el pedrero descansan las conchas apiladas por las manos de un
niño,
Olvidadas tras una tarde de otoño.
Las huellas de zapatos se pierden en la orilla con los suaves empujones de la pleamar.

Y los recuerdos se enfrían con el rocío sin pausa de un invierno que avanza,
Se escapan entre las manos como la arena de los puños.

Puedo oír los caballos que duermen a la espalda del pinar,
Tú sueñas con la gracia de Dios
Y temes el olvido que sufren las conchas
Pues sabes que ya no recuerdas los regalos de la máquina de bolas,
Ni el serrín esparcido por el suelo,
Ni las horas previas a las cenas de Nochebuena,
Cuando estabas nerviosa colocando los platos de la vajilla cara.

Pero hay algo mayor que el rumor de las olas,
Que los tiempos pasados,
Que el paisaje que se esconde tras la siguiente curva...
Algo ubicuo y atemporal
Que hace que me abraces
Sin miedo a traspasarme,
Sacando la humedad que se instala en mi alma,
De cuando en cuando,
Más a menudo de lo humanamente deseable.

jueves, octubre 20, 2005

¿Where have all the flowers gone?

Poesía, dichoso concepto que tantas veces olvido, sumido en un mundo de hipotecas, plazos de entrega, revisiones del coche…

Poesía, que tantas veces es tierra para el náufrago, sombra en el desierto, ventanilla vacía en un edificio oficial.

A veces pienso que no tengo mucho, o nada, de poeta (ya no digo ni bueno ni malo, sino simplemente de poeta), pues leí una vez, creo que a Francisco Brines, que el poeta, aunque no escriba una línea en años, lo ve todo de forma poética.

Yo he de confesar que pierdo muchas veces la mirada y que el poeta que quizá quisiera ser se convierte en funcionario del “seguir viviendo”, cosa loable en pos de la supervivencia. ¿O no?

Porque para un poeta ¿qué sentido tiene la vida sin poesía? ¿Y para un funcionario? ¿Qué sentido tiene la vida para un funcionario, un taxista, un metalúrgico…?

Quizá el ser poetas, quizá ser quien no son. O sí son…

Poíesis: Creación

Crear una vida distinta de la que uno tiene, quizá crear un mundo distinto.

Al percibir creamos. Todos. ¿Todos poetas entonces…?

Pero tiene que haber sorpresa en esa creación, olvidar el deja vú adulto y admirarnos como niños del vuelo de un milano, del funcionamiento de la lavadora, de la lógica fría de los tipos de interés.

Los niños siempre crean, siempre miran el mundo por primera vez y esa mirada es la esencia de la poesía.

Poeta es el que no olvida que una vez fue niño y que niño sigue siendo, pues la experiencia acumulada sólo nos sirve para comprender las reglas de este juego inventado que es la convivencia. Pero la incomprensión del niño, la Incomprensión última sigue ahí: El no entender qué mueve los engranajes, cuáles son las pulsiones últimas, cuáles las respuesta a las preguntas más grandes. Las preguntas que sólo los niños y los poetas se hacen.

Y poetas somos todos entonces, aunque no siempre…

Poeta es el que se pregunta y el que se sorprende, el que sabe que no entiende, el que duda.

Porque vivir es una pregunta suspendida en el tiempo.

Y el que se interroga, ese es el poeta.

¿O no…?

Top ten

Hacer proselitismo de uno mismo, proselitismo musical: una forma de darse a conocer.

En mi iTunes (el corrector se empeña en poner “atunes”), las diez primeras canciones que aparecen en el Top 25 Most Played son:

1. Abigail, Belle of Kilronan de Magnetic Fields
2. Homesick de Kings of Convinience
3. 100, 150, 200 km. por hora de Roberto Carlos
4. O Mio Babino Caro de Puccini interpretada por la Callas
5. Hope There’s Someone de Anthony and the Jonhson
6. At the Bottom of Everything de Bright Eyes
7. Amor de verano del Duo Dinámico
8. The Trapeze Swinger de Iron and Wine
9. Blossom de Ryan Adams
10. Soy un truhán soy un señor de Julio Iglesias

No son mis canciones favoritas, simplemente son las que más he escuchado últimamente. De algunas he escrito en este blog, otras simplemente me han acompañado en los meses de verano… empujándome a un estado de ánimo determinado.

Supongo que el sol me pone más melancólico. Si al final del invierno la lista es similar, tráiganme, por favor, toneladas de Prozac.

lunes, octubre 03, 2005

Catarro

Pensé, iluso de mí, que me libraba. Confié en mis defensas, más fuertes que yo, pero nada: el conjunto es la suma de sus miembros.

Ahora sin salir.

Rufus T. Firefly en Freedonia por enésima vez en mi televisor.

Pierdo lubricante cerebral por la nariz, por los ojos…

Por lo demás, días de cambio y de cague… Mierda de miedo.

Pienso: Dios proveerá.

viernes, septiembre 23, 2005

Escuchando la vida (sexta entrega)

¿Y después?

Pongo otro disco infantil y les oigo cantar. Las voces de dibujos animados inundan la pequeña estancia, apoyo mis manos en el volante y les veo sonreír por el espejo retrovisor. Están apretados pero de alguna manera se las arreglan para hacerse cosquillas y pelearse. Les sigo el juego y cuento chistes, se ríen más aún. Les cuento el del perro “Mistetas” y se parten. Lo han oído mil veces y es un chiste malísimo –odio ese chiste–, pero a petición popular se lo cuento otra vez. Y ellos repiten a coro poniendo voz de señora estirada: “¿Ha visto usted a Mistetas?”. Y estallan las risas.

A mí me duele la nuca y los hombros. Ya llevamos un rato parados. Le digo a mi mujer que voy a mover un rato las piernas. Me mira y asiente. Camino alrededor del coche. Me estiro apoyado en el capó. Miro los coches que me rodean, las caras compungidas. Veo como algunos nos miran con gesto de extrañeza. En nuestro coche, mi mujer me releva contando chistes y los enanos siguen sonriendo. No les veo desde atrás, el maletero está lleno. Lleno con todo. Todo.

Pero oigo las risas. Incluso fuera del coche oigo las risas que atenuan los cláxones, los insultos y los sollozos que flotan en el ambiente.

Esto parece que avanza.

Me pongo al volante, tras un mecánico gesto me abrocho el cinturón y rodamos despacio. Maldigo al puto perro Mistetas mientras me esfuerzo por mostrar mi más calida sonrisa.

Mi mujer me agarra la mano y se dispone a contar otro chiste. Hay miedo en su gesto, pero ella también sonríe.

...

We left the toys out in the yard
I took my wife and kids and left my home unguarded
We packed what we could into the car
No one here knows how it started
Suddenly everything was just so out of control

Roulette. Bruce Springsteen

sábado, septiembre 10, 2005

¿Por qué?

a) Silencio intencionado, para hacer sufrir a los fieles y asiduos lectores de este blog (casi cuatro o cinco), privándoles de mis siempre ingeniosas líneas.
b) Silencio pseudo intencionado, obedeciendo a alguna extraña y embarazosa razón desconocida por mi parte consciente.
c) Silencio forzoso, a causa de un esguince en el dedo índice que me impide desarrollar la técnica mecanográfica conocida como del “aguilucho”.
d) Silencio involuntario, debido a la vagancia, en el más amplio sentido del término.


Voten ustedes.

Yo voto, a mi pesar, y tras un sentido y reflexionado acto de contrición, por la c).


Aunque… ¿es la vagancia algo involuntario? Si es involuntario, ¿de qué me sirve la contrición? Si soy temperamentalmente vago, ¿puedo cambiar?


Psicólogos del orbe, necesito respuestas.

jueves, agosto 25, 2005

Isolation

En Canal + un espacio autopromocional. Escenas de diferentes películas se suceden en la pantalla de televisión. Un montaje dinámico para que te abones.

Entre todos los actores y actrices, Scarlett Johansson, en la piel de Charlotte, camina por Tokio. Sola, rodeada de un montón de gente. Bella y desvalida.

Una acumulación de ruido visual es todo esto, escenas sin sentido, personajes de distintas historias unidos por el arte del montaje. Una fábula contada por un idiota. ¿Es esto el sonido y la furia?

Como Bill Murray, en la piel de Bob Harris, subido a un sofá, borracho, rodeado de desconocidos, me pregunto desafinando: What’s so funny about peace, love and understanding?



Y si me lo pregunto es que no hemos perdido del todo la esperanza.

martes, agosto 23, 2005

Libros, prisas: la vida moderna

A pesar de tener el tiempo justo estoy leyendo un par de libros a la vez –y ni mucho menos soy ningún superhéroe–: Uno es "Helena o el mar de verano" de Julian Ayesta y el otro, "Un año pesimo" de John Fante. Ambos comparten una prosa lírica que para sí quisieran muchos hacedores de versos. El de Ayesta me maravilla, no sólo porque sus escenarios son los míos –está ambientado en un Gijón muy parecido al que yo veo– sino porque su forma de escribir es más propia de mi generación que de la suya. Podría ser el mejor escritor joven de hoy si no hubiese muerto en el noventa y cinco… La de Fante es aparentemente una novela juvenil –su protagonista es un chaval de diecisiete años– que habla sobre las aspiraciones de la gente en la América del sueño americano, en la América de los cincuenta, en plena recesión económica (parece que EE.UU. ha tenido un recesión económica en cada década del XX). Fante es cruel e inteligente en sus críticas al sistema. Su lenguaje está lleno de recodos dulces y de bofetadas sin guante, todo a la vez. Pasas, al leerlo, de la sonrisa emocionada a la revoltura mental, y todo ello sin peligrosas aristas. ¡Qué fácil parece escribir leyéndolos! Y qué difícil hacerlo como ellos. Los escribientes seguiremos buscando modelos para imitarlos de forma más o menos consciente… Generalmente sin mucho éxito.

Ambas novelas, un “must”, como un buen trench para este otoño… Al menos eso dice el Marie Claire.

… Tanto libro, tanto trench y tanto blog… y se me ha deshecho el brócoli que tenía cociendo…

Si cuando digo lo del tiempo justo…

domingo, agosto 21, 2005

Morriña

Un tesoro en la isla, un claro en el bosque…
… he encontrado.
Callado, buscando sin buscar, pero en continua búsqueda. Como siempre mientras haya aliento.

Herido de nostalgia. Este sol de continuo me hace achinar los ojos y mirarme adentro (las excusas son fáciles de encontrar). Y adentro siempre veo días pasados, colgados en mi alma como enredaderas. Construyéndome, acumulándose cada día, configurándome.

Y a veces me parece tocar esos días –cualquiera ya vivido–, como si pudiera volver… Y otras veces son tan lejanos que se borran sus extremos y sólo percibo sombras y manchas. Y me desorientan.

Nostalgia de mí mismo, de los “yos” que fui, de los diferentes “tús”, de lo que me deparaba el futuro aquellos días, porque el futuro cambia cada día.

Comencé un día a caminar buscándome y cuanto más me acerco a mí mismo más perdido estoy.

Por eso esta morriña hecha de orbayu y yerba, de plastidecors rotos, de carnés de biblioteca infantil, de Pumarines-Somió, de sesiones de tarde en el Albéniz…

… de la seguridad del hogar y del futuro.

Siempre escribo el mismo texto.

Ah, se me olvidaba… el tesoro:

Homesick
Kings Of Convenience

… homesick because I no longer know where home is.

miércoles, agosto 03, 2005

En el fondo...

Lao-tsé, preocupado por los grandes misterios del mundo, se marchó de su puesto de funcionario a las montañas, abandonando el bullicio, para dejar que el Tao fluyese en él, sin entorpecerlo con afanes humanos, con ajetreos estériles propios de los hombres. Quiso ser parte del orden cósmico (¿es esto una redundancia?), como las estrellas, como las espuma que sigue a la ola, como la muerte que sigue a la vida y la vida que no cesa aunque sepa que hay muerte.
Quieto, carente de inquietudes, como el junco que se dobla con el viento, dejando hacer al Tao, comprendiendo que sólo librándose de la voluntad y del deseo se alcanza la paz, se alcanza la calma. Se hubieran llevado bien Lao-tsé y Gautama.

Volver a ser parte del todo, con una conciencia superior a la nuestra.

Oh my mornings coming back
The whole world’s waking up
In the city buses are swimming past
I’m happy just because
I found out I’m really no one

At The Bottom Of Everything
Bright Eyes

miércoles, julio 27, 2005

Cloro Zen

En la piscina,
las nubes van despacio.
La sombra mancha.

jueves, julio 14, 2005

Mi mayor temor es a temer

Vuelven a pedir el pasaporte en las fronteras francesas…, como años atrás.

Para que no entren virus hay que protegerse... Eso sí, si no se está infectado ya.

No quisiera ser un niño burbuja por miedo a los gérmenes. Hay una variante muy común del Trastorno Obsesivo Compulsivo que hace que el individuo que lo sufre tema, constantemente, a las infecciones, y por lo tanto está continuamente lavándose, sobre todo, las manos.

Y el miedo a enfermar es para ellos la peor enfermedad.


Qué pasa si lo que haces para sobrevivir
Mata las cosas que quieres
El miedo es poderoso
Puede ennegrecerte el corazón, de eso puedes estar seguro
Cogerá tu alma llena de Dios
Y la llenará de diablos y polvo


Devils and Dust
Bruce Springsteen

jueves, julio 07, 2005

Those were the days of miracle and wonder

Los veo, los oigo, los revivo limpiándolos de polvo y paja…

Un SEAT 127 blanco, mi padre aún tenía algo de pelo y mi madre aún era moderna. Mi madre, lectora -siempre con algún libro encima-, culta para su época y su ubicación geográfica, y con un parecido físico asombroso a Carolina de Mónaco. Mi padre, deportista, un ligón de libro en su momento, según he oído por ahí, y no a mi madre precisamente. Mi abuela dice que el poco tiempo que pasaba en casa siempre estaba planchándose las camisas y los pantalones, y que a casa, en donde vivían once personas (mi padre tiene ocho hermanos), siempre estaban llamando por teléfono y casi siempre chicas preguntando por él.

Yo podía tener unos seis años, rondaría el 82 del Naranjito, de las camisetas acrílicas apretadas, de aquel Gijón lleno de alemanes en el que todos creíamos haber visto a Rumenige caminado por el Paseo del Muro. Un Gijón que todavía podemos ver en Volver a empezar; aunque de aquella, para mí tenía más luz.

Los fines de semana eran siempre de coche, en invierno y verano. A mis padres les dolía la casa. San Isidro, del otoño a la primavera, a caminar a esquiar, a sentarse a tomar el sol en un prado por donde corrían los regatos del deshielo. En verano, a Oles, al Puntal, o aquí cerca, a Granda, a coger moras, a ir a las romerías y jugar en las tómbolas: Una vez gané un bastón de plástico lleno de caramelos que era más alto que yo, apenas podía con él. Tuve que repartirlos entre mis primos. Me quedé sin caramelos, pero le saque partido al bastón zumbándoles a los muy gorrones con él. Hace tiempo ya, vi una foto de ese día. No recuerdo quién la tenía. Me gustaría conseguirla y hacer una copia.

Y de Gijón a nuestros destinos de fin de semana, siempre sonaba música en el 127. Los clásicos de mi vida: El Dúo Dinámico, Los Brothers Four, Manhattan Transfer (sí, sí, Manhattan Transfer), Roberto Carlos (que sí, Roberto Carlos también), Abba, Simon y Garfunkel, Julio Iglesias…

Ahora estoy escuchando -me lo he bajado del Emule- a Roberto Carlos. Ya voy a 140, volando por la vida, sin querer llegar…

Creo que comienzo a marearme, como en asiento de atrás del 127…

lunes, julio 04, 2005

Va de mementos

En las sombras de los ocalitos que bordean la autopista A8 hay recuerdos refugiados que van y vienen según se mueve el sol. Van del prado al asfalto, huelen el salitre cuando sopla viento del norte, se cobijan en la cuneta, se acomodan en los quitamiedos y se deshacen cada atardecer.

Y cada vez que pasó por allí y me fijo en ellos, los noto cambiados: más maduros, más hechos, más memorables…

jueves, junio 30, 2005

Impresión - Descubrimiento - Juventud

a) Todo lo que merece la pena comienza impresionando.

b) Sí es cierto que, por pereza o por reticencia a dejarnos impresionar, muchas veces nos perdemos los comienzos gloriosos de las cosas buenas y sólo percibimos su calidad pasado el tiempo. Eso nos pasa por mirar con ojos de perro viejo y no con la mirada del niño que descubre. Pero lo bueno siempre impresiona, aunque no nos atrevamos a decirlo y a veces ni a sentirlo.

c) Hay almas excesivamente impresionables que no valoran en su justa medida sus explosiones de énfasis. Sufren una ultracorrección para no caer en la apatía ultrarracional descrita en el punto b)

Una vez dicho esto:

Quiero ver Charlie y la fábrica de chocolate, la nueva, la de Tim Burton. Cine cine, como El Mago de Oz, como Metropolis, como Blade Runner; de ese que te saca de la sala, del edificio de los multicines, de la ciudad, de la vida tal y como la conoces. Qué bueno es el libro, qué bueno es el trailer, qué buena será la peli. Lo sé, me han impresionado los 90 segundos que he visto... -aunque yo muchas veces respondo al punto c).

También quiero ver la nueva de Harry Potter. Me gustan las pelis de este personaje más que los libros -que no están mal, pero me gustan más las pelis. Me gusta también que Harry, Ron y Hermione sean ya adolescentes y no niños. Pues los adolescentes son adultos sin miedo y eso les confiere un atractivo especial. Todos querríamos tener el valor de cuando éramos jóvenes. Todos querríamos volver a esa potencialidad. Sé que muchos diréis que no, que ser joven fue un rollo, pero sé que no lo decís en serio, que lo que queréis decir es que no volveríais a vuestra adolescencia, pero seguro que querrías volver a ser jóvenes, de otra forma, con otras experiencias, en otra circunstancia, pero jóvenes.

Recuperar la potencialidad. Volver a ser jóvenes, vivir en la fantasía…, porque para los adolescentes todo el mundo es fantasía, la fantasía de lo que será.

El imaginar qué es lo que hay dentro de la fábrica Wonka.

miércoles, junio 22, 2005

Los veranos en que éramos Julio Iglesias

Yo creo que puedo contar con los dedos de las manos los momentos de felicidad plena que he tenido en estos 29 años que llevo por aquí.

Hoy, uno de ellos:

Era verano, como ahora, más entrado el verano, mediado julio, cercano el Carmín de la Pola, si no pasado ya. Todas las tardes de estío de los primeros años de mi veintena las pasaba en la playa, en la escalera 13, en esa escalera-pasarela en donde ibas a ver y a que te vieran. Chicas bronceadas, muy guapas, de mi quinta, aparentemente alcanzables, pero en realidad tan lejos… Charlas, crónicas nocturnas, siestas de resaca, baños largos en el mar frío, luchas con las olas, patadas a un balón y contactos visuales, que hacían presuponer que en la próxima romería, o el sábado siguiente -si no tocaba romería-, podrías iniciar una conversación sin excesivo riesgo de rechazo.

Siempre iba a la playa en bicicleta. Toda mi indumentaria: un bañador, una camiseta vieja y unos carapijos sin cordones. Sobre el manillar, la toalla hecha un gurruño… No hacía falta más…, no hace falta más.

Puedo sentir aún ese pedalear de vuelta, cansado ya de sol, silbando camino de la Casona de Jovellanos o de la Cuesta, o a casa a darse una ducha, para volver a salir. Para volver a enamorarse locamente durante dos o tres noches…

Y cuando recuerdo esa época, percibo esos pocos segundos de felicidad plena, esas oleadas de endorfinas, en la bicicleta, sin responsabilidades, con un futuro incierto, pero… tan lejano. Con un presente tan ocupado…, tan ocupado en ser un truhán y ser un señor…, o en sentirme como si lo fuera…

¿Os acordáis vosotros?

viernes, junio 17, 2005

Bahía de Gijón (la mar nos templa)

Sale ligero y con aplomo de la bocana del puerto. A babor, la playa de Poniente se tumba junto al mar; a estribor, la Cuesta’l Cholo brilla y se agita con los jóvenes reflejando en sus rostros el sol de un junio caluroso. La proa a la mar, a esa pradera azul, inmensa e insondable que hoy trae la calma a la bañera de este velero viejo y prestado. Sonreímos nerviosos, salimos al Cantábrico y nos invade una sensación de libertad auténtica, la libertad de no tener los pies en la tierra. En esa tierra firme donde todo es firme como ya conocemos. No movemos ligeros e inseguros sobre la cubierta -adiós a las certezas- y, paradójicamente, eso nos reconforta, eso nos libera. Quitamos las defensas y paramos el motor cuando ya podemos tapar los edificios del muelle con una mano. Cazamos la mayor e izamos el foque para que la suave brisa del atardecer lo hinche amablemente…

Parece que nuestra piel brilla más sobre el mar, que nuestros dientes son más blancos…

Creo que va a ser verdad que en estas latitudes los siglos son anfibios todavía.

miércoles, junio 15, 2005

La fe mueve montañas y cruza pasillos

De pequeño, pequeño de pantalón corto y jersey de lana gorda con cenefas, me asustaba recorrer solo el pasillo de la casa de mi abuela. Era largo, muy largo y oscuro. La vida en esa casa se hacía en la salita y en la cocina, y al otro extremo del pasillo estaba el salón, que nunca se utilizaba. Alguna vez, si yo tenía que ir para algo, a coger alguna cosa, me moría de miedo cruzando el angosto recorrido de techos altos. Normalmente venía mi primo, un año mayor que yo, conmigo y entonces la vergüenza torera de ambos o esa merma que sufre el miedo cuando es compartido, nos hacia caminar erguidos y decididos. Pero ay si tenía que ir solo, un miedo atroz se apoderaba de mí. Veía espíritus, vampiros…: criaturas infantiles y terroríficas, esas a las que un niño teme más por ser irracionales. Porque para mí, de aquella, todo era irracional, hasta los semáforos… y si los semáforos eran reales, por qué no iban a serlo los fantasmas.

Mi abuela, para que no pasase miedo, me decía que caminase haciendo una cruz con los dedos índices de las manos, que así ahuyentaría a los demonios. Lo irracional se combate con lo irracional. De esa forma, tranquilo, mientras mantuviese la cruz al caminar, avanzaba por el largo pasillo como un buscador de agua con un zahorí dactilar, como un buscador de seguridades en un mundo que ya se adivinaba inseguro.

Ahora ya sé que nunca seré un superhombre, y que me viene de lejos…

A veces sigo caminando haciendo la cruz con los dedos, pero ya no es lo mismo.

martes, junio 07, 2005

Escuchando la vida (quinta entrega)

Veo a Llamazares y al sempiterno Rosales en este texto y no por ello dejo de colgarlo, porque soy un simple ladrón de metáforas y pienso, y creo que siento -pues no sé si la palabra precede al sentimiento- con palabras de otros… Y les doy las gracias.

Nunca es el momento

Le decía:

¿Es mi simiente necesaria en tu vida, en esa vida que esperas que llegue?
Para poder vivir no hace falta la vida, basta no encontrarnos de cara con la muerte.
Vivir es un gesto monótono la mayoría del tiempo, un avanzar pausado como los bueyes sobre la nieve.
Vivir es recordar tiempos pasados y anhelar el olvido para que mansamente recuperemos la cordura del que vive y no añora.
Puedo arar los campos con simples herramientas, delinear la tierra con metal y madera, pero luego, ¿sembrar con la esperanza de que florezca? Y después ¿qué? ¿Recoger y ver qué hacer con la cosecha…?
Sabes bien de mi miedo atávico, de ese miedo ancestral que surgió un día, para cambiar las cosas planeadas, para mirar con niebla casi todas las cimas.

Y pides mi simiente como el sediento se llega al regato: con ilusión y miedo, por ver si baja agua, por ver si tiene barro…

Es tu valor el que hace que comprenda que nieva año tras año, a pesar de que siempre llegue la primavera con el deshielo terco que riega las praderas.

Y con miedo consciente, sabiendo que la nieve es un bien necesario, igual que lo es el miedo, entiendo y me convenzo de que vivir es algo más que ver pasar los días, que quitar con desgana las hojas del calendario…

jueves, junio 02, 2005

Asendereado sin salir del pueblo / Vivir obliga

Puedes hacer planes, dibujar mapas, anotar en una lista todos los pasos a seguir, llenar el neceser de cremas innecesarias, de cepillos de dientes desmochados, de medicamentos para casos de urgencia. Puedes incluso dejarle las llaves a un vecino para que riegue las plantas en tu ausencia, para que mire en tus cajones buscando detalles de la vida de otro…, porque tú sabes que cuando partas la persona que regrese -si es que regresa- no serás tú…

Puedes esperar a que el arco del tiempo se tense lo suficiente como para lanzarte al viaje que aún no has emprendido, como si no fuese una decisión tuya. Porque a ti siempre te falta algo: la ropa interior, el cargador del móvil, las chanclas para la ducha…

¿Será que el plan no es bueno, que la ruta no es la idónea, que el destino no es ese?

Rehaces lo planeado continuamente, con metódica obsesión, variando pequeñas cosas de cada vez, y creando un viaje completamente nuevo cada mes.

Y es que al final no sales de casa, pero te reconforta saber que tienes la maleta hecha a medias, para correr si algún día sintieses los pies ligeros y dejases de temer la ira de Poseidón.

Tú como todos, igual que yo.

Pero quizá la odisea ya ha comenzado sin salir del pueblo, caminando de la Punta de Liquerique a la Lloca y de vuelta otra vez.

Porque el verano sin fin puede también vivirse entre Salinas y Vega. Sin Tahiti, sin Ciudad del Cabo, pero con El Arenal de Morís o con Verdicio trasportándonos a nuestro interior, a nuestro eterno surfari.

martes, mayo 17, 2005

Un tiempo feliz e irrecuperable

Estoy haciendo ejercicios de compresión lectora para niños de quinto de primaria. Para que entiendan lo que leen… Con lo difícil que es comprender. Juegan con el título, con el orden de los párrafos, con las palabras complicadas…, rescatan de su memoria recuerdos asociados… Vamos, leen: descubren y recuerdan.

Mientras, escucho los siguientes versos que me remueven y me traen recuerdos de merenderos con techos de uralita rotos, de bombón helado de la Ibense, de columpios oxidados y batallas de corchos, de olores de sidra y serrín, y de una enorme sudada, siempre, fuera invierno o verano. De un tiempo de pantalón corto y zapatos Kikers… que hace que se me humedezcan los ojos…

Por favor,
Recuérdame,
Felizmente,
Al lado del rosal
Con moratones en la barbilla,
El tiempo en que contábamos cada coche negro que pasaba por tu casa
Debajo de la colina
Hasta que alguien nos cogía en la cocina
Con mapas de cordilleras
Y una hucha con forma de cerdito…
… Una visión demasiado olvidada para mencionarla.

The Trapeze Swinger
Iron and Wine


Los versos, el tono de la canción, la lluvia de hoy… me sumen en una melancolía alegre que me empuja a desear repetir para con los míos esos momentos aparentemente insulsos, y desde luego efímeros, que justifican la vida.

lunes, mayo 09, 2005

Encajando en el canon (la vida sorprende)

Ayer haciendo zapping antes de la carrera de Alonso, paré unos segundos en un documental sobre los seres vivos en el río Tinto (Huelva): protozoos que habitan unas aguas con un ph negativo y llenas de metales pesados..., vamos, unas condiciones que nadie, hasta hace muy poco, creía que pudiesen permitir la existencia de vida. La “vida extrema”. También se hacía mención a las primeras “vidas extremas” que se habían encontrado en el mundo. Fueron un grupo de astrobiólogos, hace unos 30 años, los que descubrieron hongos y algas en la boca de los géiseres del parque Yellowstone. Me pareció curioso y lo retuve, sin ser consciente de ello, en la memoria a medio plazo, a pesar de ser una información que se diluyó rápidamente en mi caché por la carrera de Formula Uno. Todavía tengo prioridades…

Por la tarde, leyendo un libro que me habían recomendado enconadamente varias personas –“El curioso incidente del perro a medianoche”-, me encontré con que el protagonista de la novela hablaba de un documental de animales marinos que viven alrededor de las chimeneas sulfureas, es decir: en condiciones también extremas. Más o menos lo mismo que había visto yo por la mañana y de lo que no había oído nunca hablar antes de ayer –al menos no era consciente de ello.

Con lo cual:
a) ¿Es una casualidad? Evidentemente sí.
b) ¿Me parezco al protagonista del libro? Joder, me asusta pensarlo, en muchas cosas sí, pero el tío está en una escuela de “necesidades especiales” y realmente sus neurosis y sus “anomalías” son bastante más llamativas que las mías.
c) Quizá al que me parezco es al escritor del libro: Mark Haddon.

La opción a) es un hecho. Sin ser yo Paul Auster me doy cuenta de las casualidades y también de que la vida es una consecución de ellas. La opción b) me acojona realmente y me reafirma en que mi idea sobre la normalidad está cerca de la Verdad: La normalidad es anormal y todos hacemos contorsionismos para encajar en el canon. La opción c) es la que más me reconforta. El libro es bueno…, ojalá me parezca.


Leo esta entrada y no me queda otra que dar la razón a los que dicen que este blog es críptico y denso… Y usan esos eufemismos porque no se atreven a decirme que es pedante.

A veces lo es, y no lo hago adrede…

jueves, mayo 05, 2005

Momento holístico. La Espasa, Colunga.

Una izquierda pequeña, amable y constante en un atardecer del mes de abril. La sierra del Sueve frente a nosotros detiene las nubes negras que se quieren venir al mar. Dos amigos en el agua, aún fría.
Las responsabilidades, las preocupaciones, se quedan en la orilla.

Sólo hay que remar hasta sentir el empuje, saltar sobre el tablón y girar suavemente en la parte baja de la ola para fluir con el Todo.
Una desconexión cerebral que invita a una unión espiritual.
Lo que dura una ola, lo que dura un baño.
La sopa de pollo para el alma, el primer trago de cerveza…

viernes, abril 29, 2005

Escuchando la vida (cuarta entrega)


Una promesa es una promesa. Y cuando digo que habrá luz es que subiré las persianas hasta el tope para dejar que los frenéticos fotones bailen en la habitación en la que escribo… Y con su baile, espero que fluya la serotonina en mi cerebro de dos años.


Imprecisas ideas sobre el amor

… which dream is yours
and which is mine.

Mojave 3

Llevaban años cruzándose en los bares de medianoche, mirándose sin hablar. Pero un día, tras una caprichosa conjunción de los astros, se tropezaron ambos con la misma piedra y rompieron su relación de miradas mudas. Se contaron tropiezos anteriores, bebieron, rieron, fueron al cine y acabaron conociéndose tras dos o tres citas –ninguno de los dos era muy promiscuo, al menos en esa situación (cuando alguien les gustaba realmente). Eran ambos, para algunas cosas, un poco carcas, y eso les unía aún más: su idea rancia de ser modernos era un claro síntoma de empatía.

Y así -sin dar muchos detalles- tras un otoño muy ñoño, un invierno de larga Navidad y una primavera de merendero sin fin, llegó un verano en el que ya no sabían qué sueño era de uno y cuál del otro.

Eso es el amor, ¡sí señor!

miércoles, abril 27, 2005

Los sueños sumergidos

Hubo un dolor en el malecón, un dolor clavado en los bloques de cemento, un dolor que soportaba las olas, que no se dejaba erosionar..., un dolor al que no se adherían las algas.

Creció este daño en el alma del puerto lentamente, casi era imperceptible para los pescadores. Alguno creía haber oído quejarse al gran dique en alguna ocasión, pero claro, cuando se deja el puerto para irse a faenar uno cree oír muchas cosas.

Un día de nortada el pinchazo agudo fue tan intenso que el rompeolas no pudo más, fue tan doloroso que cedió al ímpetu de la mar.

Perdieron tanto con el empuje del Cantábrico que el pueblo vivió una tragedia. Y las mujeres lloraron sentadas en las desvencijadas nasas y los hombres maldijeron su torpeza, pues sabían que el malecón estaba, desde hacía tiempo, herido de muerte y que ellos no habían prestado suficiente atención a sus quejas inertes. Por eso ahora, cuando ponían rumbo a la mar, el salitre humedecía sus ojos porque veían descansar bajo las olas al roto dique y con él… a muchos de sus sueños.

lunes, abril 18, 2005

Plegaria para ella

Por favor, Dios, trae la lluvia para borrar el miedo, para borrar la angustia. Para que ella encuentre novio, para que encuentre un padre para su hijo, el hijo que lleva esperando desde los diez años, cuando jugaba a ser madre de un bebé de plástico. Por favor, Dios, trae la lluvia para mojar su cama, seca desde hace tiempo... y fría. Por favor, Dios, trae el sol para secar las humedades que se han instalado en su esperanza, cada vez más estoica. Por favor, Dios, trae el viento para que vuelen las cometas en la playa de San Lorenzo, para que vuelen de nuevo con el nordeste fresco de los días de junio...

La mayoría de la gente nunca encuentra el amor... ni en ellos mismos. Por favor, Dios, muéstrales el amor a los que no lo conocen. Pero a ella, experta amante, a ella tráele la lluvia, el sol y el viento..., por favor.

jueves, abril 14, 2005

¡Sed pacientes con él! (captatio benevolentiae encubierta)

Un ordenador muy listo gestiona este blog. Ha llegado a un grado tal de inteligencia que tiene ya hobbies propios. Y claro, a veces desatiende su tarea. Yo no se lo recrimino… Faltaría más…, estoy yo como pa’ decir a nadie que desatiende sus obligaciones… Ni siquiera a un ordenador.
Que al tío le mola ponerse a barajar sus archivitos de ceros y unos, pues oye, cada uno disfruta con lo que puede. Claro, eso sí, en el mientras tanto, los incontables lectores de Xivares (incontables para aquellos que no puedan contar sin usar los dedos de las manos) se desesperan intentando dejar comentarios a las ingeniosas -y nada pretenciosas- entradas que un servidor se dedica a colgar mientras desatiendo, al igual que hace el ordenadorcito, mis obligaciones.

Así que, en su nombre, e identificándome con él plenamente, os pido disculpas.

Entre nosotros y en voz muy baja: Espero con este comentario que él y los suyos –es decir: los demás ordenadores del mundo- sean conmigo tan flexibles y comprensivos como yo soy con él ahora, y no me den, en el
futuro, tanto el coñazo con ventanitas de errores de sistema y demás milongas… Porque no sé si os habéis dado cuenta de que, amparándose en el cuento de que son máquinas, son más inflexibles que los funcionarios de la antigua Rumania –que según tengo entendido eran durísimos.

miércoles, abril 13, 2005

28-2=26 (años en los que no he mejorado mucho)

Me he tenido que parar. Mi cerebro tiene dos años.

Me explico:


Estoy trabajando en una presentación que versa sobre la educación infantil, concretamente sobre el desarrollo de los niños de dos años, y en ella tropiezo con los siguientes datos:

A los niños de dos años les cuesta mantener su atención, les atrae todo, pocas veces fijan su atención durante cierto tiempo”. O sea, como a mí… Como muestra, este blog. Soy un aprendiz de todo y un maestro de los comienzos. Inconstante al máximo…, pero por puro perfeccionista que soy, ya lo sabéis.

Mediante la manipulación consiguen: coleccionar, establecer relaciones, clasificar, etc.” A ver qué otra cosa hago yo más que coleccionar ideas de otros y establecer relaciones –generalmente absurdas y de poca consistencia. Como muestra, este blog. Again.

Saben expresar sus necesidades básicas.” Ahí me llevan ventaja…, a mí cada día me cuesta más expresarme. Véase este blog.

Utilizan frases de tres palabras.” Igual que yo… ¿No lo veis…? Otro ejemplo más… Y otro más. Jo, no paro.

Conceden mucha importancia a su nombre, que les permite construir su identidad.” Qué coño es un blog, más que una continua construcción de identidad… Y si no os lo creéis, leed este blog.

Se interesan por escuchar cuentos.” ¡Pero si yo vivo en la ficción! y de la realidad sólo me interesa la parte narrativa, fabulada y conjeturada: el “qué pudo ser”, el “cómo será”… ¡Madre, que voy a tener dos años…!

Intentan conocer a los demás a través del contacto físico.” Esta afirmación es de una profundidad bíblica.

Me encuentro con muchas más afirmaciones de lo más interesantes y que podrían apoyar mi tesis sobre mi madurez cerebral, como: “Les divierte imitar a los adultos y las situaciones en sus juegos.” Pues sí, me divierte. “Ayudan a vestirse y desvestirse.” Yo ayudo…, luego me cambio cuando me dicen que voy fatal, pero ayudar…, ayudo. “Trazan de forma poco precisa. Van siendo capaces de hacer líneas horizontales, verticales y circulares.” Mi pericia como dibujante da buena muestra de ello… Pero bueno, al final y lo que me ha impactado seriamente es que a los niños de dos años…

… “más que el resultado final, les gusta la actividad.

Xivares es un niño de dos años.

viernes, abril 08, 2005

Escuchando la vida (tercera entrega)

Me impresiona la poesía de Luis Rosales. Me impresiona profundamente. No es un goce racional, pues hay imágenes que no asimilo con la parte consciente del cerebro. Hay versos que los disfruto con el bulbo raquídeo, con mi parte reptil, o, al menos, a medido camino entre el reptil que fui y el hombre que creo ser…


Palabras para algo más que un dolor

Había vivido varias rupturas y nunca se había considerado la buena de la película. Asumía, generalmente de buen grado, su cuota de culpa. No es que fuese insensible, simplemente era práctica.

Desconfiaba del amor decimonónico, o al menos sabía que no se podía conjugar con el “para toda la vida”. Había superado el pensamiento imperante –por decirlo de alguna forma. Se enamoraba sucesivamente… y así era como ella entendía que debía ser.

Ellos no siempre comprendían su filosofía. Algunos sí compartían su postura, lo cual facilitaba las cosas. Otros, en cambio, se sentían estafados –siempre y cuando se diesen cuenta de que ella era así: al menos fiel así misma. Pero la mayoría se ofendían seriamente, pues no comprendían que cuando ella decía “te quiero”, aquello no fuera para siempre. Estos últimos eran los que en los momentos como este, en las rupturas, solían ser los más inquisitivos. Querían detalles de todo tipo, los más escabrosos: el “con quién”, el “en dónde”, el “cuántas veces”, el “cómo” y sobre todo el “por qué”. A ella le incomodaba profundamente esta situación, esta escena a la que nunca acababa de acostumbrarse. Le molestaba mucho hacerles daño, más daño del que el amor lleva implícito. Ellos querían detalles para torturarse, como si encajando las piezas del puzzle de forma racional el dolor emocional menguase. Ella sabía que no era así, sino más bien al contrario: que el dolor en esos casos crecía. La culpa no era de ellos, en realidad ellos estaban programados, educados, para actuar así.

Sí es cierto que había adquirido con ellos un vínculo del que no esperaban lo mismo. Ella sabía que eso era lo único que se podía reprochar –que no era poco. Pero a ver quién se pone a dar explicaciones de ese tipo cuando comienza una relación… Desgraciadamente, esas explicaciones sólo se dan cuando se acaban… Más que nada porque si no, no se empiezan.

Llegados a este punto ella sólo podía decirles:

"Lo que no quieras oír, no lo preguntes".

martes, marzo 29, 2005

Dedicado a los seguidores de la moda, en una soleada sobremesa.

¡Qué bonito es estar guapo! Gustar y gustarnos…, porque nos gustamos gustando. ¿Habrá mayor falacia que el “ande yo caliente, ríase la gente”? Llega el buen tiempo y estamos obligados a mostrarnos, hay que esconder los jerseys, los abrigos y cazadoras, y mostrar las blancuras y los michelines, la piel de naranja y los granitos de sudor. ¡Qué difícil comprar ropa para el buen tiempo! La ropa de verano nos enseña tanto… Con lo fácil que es esconderse en invierno tras una buena prenda que nos preste su calidad para mejorarnos (y no hablo sólo de apariencia, que también, sino para mejorarnos en todo: para darnos clase, para darnos estilo, para demostrar que sabemos comprar -a la moda, pero sin ser fashion victims-, para demostrar que sabemos seguir las tendencias pero también mantener nuestra personalidad). En cambio, en verano, con el sol y el calor, es tan difícil. Hay que exponerse tanto… Ser un poco más uno mismo en sentido estricto… Aun así, hay complementos con los que desviar la atención de nuestras carnes, huesos y pieles; más sutiles, más minimalistas si se quiere, pero los hay.


Aparentar ser buenos nos hace mejores..., porque algunos hasta nos lo terminamos creyendo. Lo realmente difícil es saber qué queremos aparentar: ¿qué es ser buenos?

...

¡¿Qué post más raro?! Parezco Celaya convertido en metrosexual escribiendo en la edición pocket de la revista Glamour

... No sé si era eso lo que quería aparentar.

martes, marzo 22, 2005

Tormenta abandona la Patrulla, disgusto del profesor Xavier, alivio para la bella heroína.

El tiempo, como estos tiempos que corren, está neurótico. Estamos a 24 grados por quinto día consecutivo, y si alguien se fija en la fecha de esta entrada, verá que esto no es normal, al menos aquí, asomados al Cantábrico. Precisamente por eso, creo que estoy disfrutando especialmente este veranillo extraño. Además, el comienzo del anómalo calor coincidió –o coincide- para mí con el fin de una etapa laboral y con el principio de otra. Es un claro augurio de “has hecho bien”, una sintonía personal con el Universo -mis poderes inconscientes son ilimitados-, una sensación de que por fin el caos se convierte en cosmos.

Los fatalistas meteorólogos, al igual que las pescaderas de la plaza de sur –figura retórica donde las haya, pues ahora las pescaderas de la plaza del sur están en plantilla del Corte Inglés y dudo que tengan la oratoria que demostraban antes-, se empeñan en decir que se debe al cambio climático, al caso omiso que Bush le hace al protocolo de Kyoto, o a que esto es el comienzo de un cambio para mal. Pobres ilusos…, está más que claro que he sido yo, con esta alegría interior que irradio, que soy capaz de convertir marzo en agosto…

lunes, marzo 21, 2005

Una vez fuera del Paraíso...

De nuevo, cierto tiempo mudo…, pero con gran actividad cerebral. Cuando esto estalle, quizá vomite versos yambos por esta boquita.

Por el momento, un pequeño resplandor:

Alvar Aalto, el arquitecto finlandés, más conocido –al menos por mí- por sus diseños de mobiliario, dio un discurso en la fiesta del centenario de su instituto cuando él ya era un afamado profesor y miembro de la Academia Finlandesa. En el “speech” en cuestión agradeció a su antigua escuela “el regalo de la duda que le [habían] dejado como herencia”.

- ¿Regalo…?
- Va a ser que sí…

miércoles, marzo 16, 2005

Donde nunca pasa nada, a veces pasa.

Después de unos días –puede que fueran meses- en el modo pause, alguien le ha dado al play, o incluso al fastforward –no estoy muy seguro. Lo que sí tengo claro es que por fin sonrío.

… Y creo que he sido yo el que ha pulsado el botón, descubriendo un nuevo poder..., o
recordando uno que tenía olvidado.

lunes, marzo 07, 2005

Vidas ejemplares

Tejano, maldito, repudiado por su padre: dejó sus pozos de petróleo por escribir cosas como esta:
Si te necesitase, ¿vendrías a mí?,
¿Te acercarías a mí y aliviarías mi dolor?
Si tú me necesitases, yo acudiría a ti,
Nadaría los mares sólo para aliviar tu dolor.
Townes Van Zandt
Un claro ejemplo de valiente.

viernes, febrero 25, 2005

La Felguera-Gargantada

Recuerdo “Racing in the streets” de Bruce Springsteen. Hace tiempo que no la escucho… mas la recuerdo intensamente ahora, al salir de la Felguera. Me he perdido, no soy capaz de encontrar la autovía minera y me dirijo a Gijón, creo, por la carretera que lleva a Gargantada. Hace buen día y no tengo prisa, tengo el biorritmo lento, pero estoy alegre con esta luz de finales febrero.

No tengo un Chevy del 69, llevo un Renault del cual no importa el año, ella no espera en el parking del 7-eleven y ni siquiera conduzco por dinero.

Durante un tiempo pensé que mi vida sería como una canción de Springsteen. Ahora ya no lo pienso… y casi mejor así: no abundan las historias felices en las canciones del Jefe. Uno, a veces, cuando es adolescente se cree un poco Dorian Grey y pretende convertir su vida en una obra de arte… -no ser artista, sino vivir en una novela, en una película, en una canción…-, luego nos damos de bruces con la realidad y tenemos que ir buscando con ahínco lo artístico de nuestra vida… Eso, si llegamos a comprender que el Arte no es más que una manera de contar… Si afortunadamente llegamos a esta revelación, comprobamos, aliviados, que el guión no siempre es lo más importante. ¿Quién está al 100% contento con el guión de su vida?... Que levante la mano.

Ahora, entre las curvas que atraviesan Bendición -el topónimo más far west de Asturias-, dejándome adelantar por unos tuneros con prisa -que probablemente no sepan que ellos sí viven la vida de “Racing in the streets”- me voy acomodando en los pequeños planos artísticos que me brinda mi enorme existencia.

Now some guys they just give up living
And start dying little by little, piece by piece
Some guys come home from work and wash up
And go racing in the streets.


Yo, sin ser tunero, quiero ser de los segundos.

miércoles, febrero 23, 2005

Las patillas más anchas del mundo

Me he comprado un DVD de Elvis. Elvis en Hawai en el 73. Un conciertazo, un clásico de la cultura Pop. Acojonante el diseño del estuche en el que viene el disco, los dos discos, porque hay mogollón de extras.

Comienza con una recepción que le hacen los fans en una playa de Hawaii y aparece Elvis saludando y dando besos como si fuese el Papa -¿o es el Papa el que hace como Elvis?-. Es pa’ echar a correr el pelo de cartón del tío. La verdad es que los extras son un coñazo, pero el concierto es alucinante. Comienza con “Así habló Zaratrusta” y pone los pelos de punta. Es el inicio de los conciertos tal y como los conocemos ahora. Hace versiones de Sinatra, de Hank Williams, de los Beatles: destroza “Something” de una forma muy chula -hasta los descalabros de Elvis son brillantes.

Mola también el color del vídeo: él vestido de blanco sobre fondo negro. De blanco con uno de eso trajes de Elvis de los que llevan los imitadores, pero en este caso, obviamente, el de verdad, es de perogrullo again, lo sé, pero es que cuando uno piensa en un traje de Elvis nos viene a la cabeza el de los imitadores, y el de verdad es distinto, tenían más apresto, eran ridículos también, pero de una ridiculez majestuosa, no cutre como la de los imitadores…, propia del Rey. (Este comentario seguro que las chicas que entiendan de ropa lo sabrán apreciar.)

¡Qué chulo era!... En “Amor a quemarropa” el personaje que interpreta Christian Slater, un fanático total de Elvis, le dice al personaje de la Patricia Arquette algo así como que él no es gay, pero que si tuviese que dejar que un tío le diera por el culo, ese sería Elvis. Yo no llego a tanto -a demás a mí me dan por el culo en el curro casi a diario-, pero he de reconocer que Elvis era la pera, la repera me atrevería a decir, en un alarde de cursilería.

Además el tío suda que parece que llora a moco tendido. Tenía un problema de sudoración…, normal, ¡tanto acrílico! Los setenta era lo que tenían. ¡Qué video! ¡Qué anillacos! Hacia mucho que no veía ni escuchaba al Elvis... pero sigue siendo el Rey.

You’re a fantastic audience. Thank you very much!

domingo, febrero 20, 2005

Escuchando la vida (segunda entrega)

Una fábula contada por un idiota

Él no había conocido a otra, y no digo ya bíblicamente, sino que no había conocido a otra en sus buenos y malos días, en la rutina, en sus despertares con el pelo alborotado, en los días en que ellas no quieren hablar y preguntas qué les pasa y te dicen que nada... Vamos, que ella había sido la única.

Y también, como tantos, cuando parecía que llegaban a algún sitio, "puto espejismo", ella dijo: “aquí me bajo, que ya...”, y no dio muchas más explicaciones. Él tampoco sabía muy bien lo que pasaba, nunca había pensado mucho en ello, pensaba que las cosas iban bien, que era así..., que se suponía debía de ser así.

Pero ella no quería eso, decía que ya no era igual -¡Coño, claro que no era igual!- Decía que no veía un futuro -¡Joder, ni yo! No somos videntes-. Lo que él sí veía es que en ese futuro que no era capaz de visualizar estaba ella, no sabía cómo ni dónde, pero ella estaba ahí con él.

Y entonces a él le empezaron a faltar piezas para terminar el puzzle. Lo tenía ya casi encauzado, ya le habían salido las nubes -que eran jodidísimas- la yerba y las vacas pastando..., sólo le faltaba la figura central, las piezas que ella se llevo.

Y así siempre, todos, nunca sabemos si lo que nos va a salir es el castillo de la Selva Negra, el gato con el ovillo de lana, los Girasoles de Van Gogh, o el paisaje alpino.

Siempre perdemos piezas por el camino.

viernes, febrero 18, 2005

Pocas certezas

Hoy estoy desbloga’o. Llevo así unos días (los lectores asiduos – qué gracia- ya os habréis dado cuenta).

He ido a tomar unas botellas de sidra a Casa Suncia y ya parece primavera. Hace calor al sol y quiero secarme el invierno de encima…, aunque aún sea invierno.

Tengo proyectos que no acaban de arrancar. Demasiado tiempo en boxes y perderemos la carrera. Hay que girar la paleta y mostrar el “go” ya. A veces la reflexión me paraliza. Esto nos pasa un poco a todos, al menos eso quiero creer. Pero hay que activarse, vencer la pereza. El sol de febrero es esperanzador y eso es bueno. Parece de Perogrullo, pero hay algunos que prefieren vivir en la desesperanza (yo mismo algunas veces).

Estoy leyendo un libro de Lula. Son varios discursos que ha pronunciado. El título es “Tengo un sueño”, y el subtítulo, “Cinco propuestas para cambiar la historia”. No me preguntéis por qué lo estoy leyendo. No sé. Igual para cambiar la historia. Los discursos están bien. Esperanzan, incluso a cínicos como yo.

… Quizá no soy tan cínico.

martes, febrero 15, 2005

¿Dónde está el valor algunas veces?

El valor para enfrentarse a uno mismo.

El diccionario de la RAE, que no uno médico, define la hipocondría como “afección caracterizada por una gran sensibilidad del sistema nervioso con tristeza habitual y preocupación constante y angustiosa por la salud”.

Todo el mundo vive épocas de fortalezas y épocas de miedos atroces. Nosotros, los hipocondríacos, vivimos más de las últimas que de las primeras. Interpretamos cualquier gesto de nuestro cuerpo como trágica mutación. Multiplicamos los peligros, los vemos con lupa de tropecientos mil aumentos. Y aunque intentemos racionalizar, de poco sirve.

¡Ay! La hipocondría y otras neurosis...

La mente juega malas pasadas, y llevar al enemigo dentro impide huir. Se impone el diálogo, aunque en estos casos, a veces, necesitas un negociador, alguien que te ayude a lidiar contigo mismo. Cuando la situación es de cielo de tormenta y parece que tus recuerdos felices son los vividos por otra persona, se impone un “hasta aquí”.

Hasta aquí el estar mal, hasta aquí el miedo a pedir ayuda, hasta aquí el acumular borrascas.


Ahora, y con ayuda, voy a hacer que el sol brille. Y sé que la mayoría de los días serán, como mucho, sólo de resol. Pero un día, no muy lejano -aunque hora parezca que ni a velocidad luz lo alcanzaremos nunca- , sin saber muy bien cómo, sacaremos las gafas negras y las colocaremos sobre la templada sonrisa, con la tranquilidad del que ya sabe que puede capear temporales. Fortalecidos por conocer nuestras querencias.

… Y al final, volverás a reír como otros años.


Trust me.

jueves, febrero 10, 2005

Itaca on my mind

Ir al cine en una ciudad extraña es como volver, por hora y media, a casa. Los cines, y supongo que ahora más que nunca, son muy parecidos en todas las ciudades, aunque la sensación de retorno uno la experimenta cuando se apagan las luces y vamos poco a poco entrando en ese mundo de todos que es la ficción. Nuestra “ficción”. Con la tenue luz que llega a la pantalla y olvidados del lugar en el que estamos, las distancias se acortan... Alguna vez he tenido que preguntarme, al comenzar los títulos de crédito, dónde estaba, abstraído por el cine…, por lo imaginado.

Eduardo Chillida decía que el horizonte era la patria de todos los hombres. Yo creo que la patria de todos los hombres es la imaginación, la posibilidad de vislumbrar otro mundo…, otros mundos.

Supongo que horizonte e imaginación están muy unidos. Ambos conceptos suponen miradas a futuro. Realidades lejanas, inalcanzables, destinos ideales y necesarios para seguir andando.

Estoy en Zaragoza. Voy a ir al cine.

martes, febrero 08, 2005

Volver a ser un niño

Espero en Barajas un avión que me regrese a Asturias. Es tarde y me han desembarcado. Cuando ya estaba sentado en mi asiento de pasillo y había terminado de ojear la revista de Iberia y comenzaba a agobiarme con el calor seco que se respira en los aviones, una voz de azafata ha recitado por ese teléfono-micrófono que tienen que sufríamos una avería. La gente se ha puesto nerviosa…, a mí me ha dado rabia. Odio esperar sentado en los aviones. Esos momentos antes del despegue se me hacen eternos.

Ahora espero en la terminal a que nos suban a otro avión, a uno que no esté averiado. Mi vuelo debería haber salido a las nueve. Son las doce y sigo aquí –prefiero viajar en coche, aunque sé que no debería: son más peligrosos. He comido un bocata de jamón –muy duro: el jamón y el pan- y una chocolatina milkibar de, he calculado, unas 250 calorías –hoy parezco Bridget Jones. Tengo calor y ganas de llegar a casa.

Hay un niño gordito que viaja solo. Está sentado en la sala-pasillo de espera frente a mí. Tendrá unos diez u once años. Lleva colgada su tarjeta de embarque del cuello, metida en una funda transparente de plástico. Pobre. Está muy tranquilo, comiéndose un bocadillo que llevaba envuelto en papel albal dentro de una bolsa de la Fnac. Se ha sacado de una de las maquinas de botes uno de Cocacola sin cafeína. Se le ve “viajado”, con sus diez u once años. Quizás es la pachorra que trasmiten los niños gorditos, o quizás es el contraste con las tres señoras de 50 años que hay a su lado que no paran de quejarse por la demora.

domingo, febrero 06, 2005

Invitación a la mediocridad, a la esencia.

Quiso llegar al ecuador de todo: de la vida, del dolor, de la muerte, del pecado... y en nada acertó, en todo se quedó corto o se pasó.

viernes, febrero 04, 2005

Eureka

He descubierto, casualmente (¿en todo descubrimiento hay casualidad?), una opción del iTunes que hace que aparezca en la barra de herramientas de Windows un volumen y unos botones para pasar las canciones. Es útil. Mola.

¡Mola descubrir!

También he descubierto un montón de historias escondidas en los títulos de unas canciones de Belle and Sebastián. No en la letra de las canciones, sólo en los títulos… Seguro que la letra desarrolla una historia también, pero a lo que me refiero es que he encontrado otras historias –ya sabéis-, no las que ellos cuentan, otras que quizás un día escriba… A ver, porque soy muy vago.

Os digo los títulos y veréis la de argumentos que hay ahí detrás

Like Dylan in the movies
A fox in the snow (Este es buenísmimo.)
The boy done wrong again

¡La leche!, ¿no?

lunes, enero 31, 2005

Superagente Amor

He recibido una llamada del CESID -creo que ellos son sólo los intermediarios, en realidad esta llamada me huele a que es internacional: Interpol o la CIA, descarto la KGB, porque desde la caída del Muro ya no son lo que eran-.

En el e-mail que me llega con remite del Ministerio de Defensa me dicen que me han adjudicado una misión para desestabilizar el estado actual de las cosas. Pretenden finiquitar Asturias y las regiones deficitarias. Para ello quieren crear grupos de profesionales que aceleren, en zonas como estas, el envejecimiento de la población, para, a la larga, convertirlas en desérticas, o sólo habitadas durante los meses de verano. Concretamente, me piden que me interponga, desanime y desaliente a las parejas que hay a mi alrededor, sobre todo a aquellas con perspectivas de quedarse en Asturias -la verdad, no son muchas tal y como está el mercado laboral-. Pretenden acelerar el éxodo entorpeciendo las relaciones personales entre individuos de la misma región.

Quieren centralizar. Resulta paradójico, ahora en la Edad de las Nuevas Tecnologías y la comunicación, pero ya ve usted cómo estamos.

Yo me voy a negar. Vamos, que paso..., que no me gusta el papel de agente antipareja. Que vale, que aunque yo tenga especial predilección a hablar mal del amor y eso, otra cosa muy distinta es obedecer un plan a nivel mundial de estas magnitudes. Es más, voy a intentar -ahora que conozco sus intenciones- conseguir todo lo contrario.

Voy a ser el superglue de las relaciones que me rodean. ¡A joderse!...



¡Mi madre!, cada día me parezco más a Ignatius Reilly. De aquí al carrito de perritos calientes, un paso.

domingo, enero 30, 2005

Big Fish y 84, Charing Cross Road

Tras un viaje nocturno por carreteras de las que ya casi no quedan, tras perderme en Coruña durante más de una hora sin encontrar la salida de la ciudad -como si de una pesadilla futurista se tratase- llegó, y ya se está yendo, un fin de semana entre Tim Burton y su parada de seres fantásticos y las cartas de Helen Hanff y los empleados de Marks & Co.

Un finde alrededor del placer de contar historias, alrededor de los pequeños detalles.



jueves, enero 27, 2005

La ilusión que surge del frío

Son la 8.30 y hay es escarcha en los coches y hielo en las aceras. Este frío húmedo es muy sucio, desordena la luz. Hay brillos en todas las direcciones. Y la lluvia, aguanieve a veces, crea caóticos regatos que corren por las calles. Deseamos que nieve. La nieve siempre ilusiona y pone orden. Apacigua y unifica.

Queremos que el blanco nos tranquilice por unos días.

Yo creo que no va a nevar. Pero la ilusión está ahí, ardiendo con estás bajas temperaturas.

miércoles, enero 26, 2005

Algo más que un topónimo

Xivares es una playa del concejo de Carreño, a unos 10 minutos en coche de Gijón.

En los 70 se construyeron cerca de ella unas pocas urbanizaciones de apartamentos –dos o tres-, comprados mayoritariamente por gente trabajadora de Gijón. Hoy es, durante el verano, una zona un poco decadente: una especie del Nerja de Verano Azul en versión mini, y que se ha quedado como el Nerja de Verano Azul: anclado en los primeros 80. Durante el verano es una playa bastante concurrida, los accesos son buenos en coche y la playa, a pesar de no ser muy amplia, con marea baja es espaciosa. Se pueden ver numerosas sombrillas, toallas y fiambreras. Porque Xivares en verano es playa de fiambreras. En invierno, lo que más llama la atención son las gigantes esferas blancas de gas que se ven a su derecha. En verano también están allí pero quedan atenuadas por la luz y por el frenesí propio del estío. Pero con días grises, sin niños correteando, ni chicas en bikini, las enormes bombonas cobran especial protagonismo. Y más, vistas desde el agua.

En Xivares salen olas, es una buena playa para hacer surf. Bueno, mejor dicho, es una playa en la que se puede hacer surf. No da olas muy regulares pero sus picos son, cuando salen, agradables y amistosos. Conozco gente que jura que han tenido “míticas sesiones” allí, de esas con el mar azul brillante y con ligero viento que sopla desde la costa.

Xivares es un lugar mítico.

Es mítico también porque para acceder a la playa se puede ir por la ría de Aboño, si se viene desde el Musel. Se atraviesa una de las zonas más industriales de Gijón para llegar a una angosta zona verde con un amplísimo horizonte. Eso la convierte en un lugar muy asturiano, pues se junta la más hermosa naturaleza con la más “hermosa” industria. Y produce un contraste que define al que ha vivido allí. Que nos define.

Pero Xivares también, y sobre todo, es una idea. Una idea sencilla, que como todas las ideas sencillas es muy compleja de explicar.

Es el día de sol entre los días grises.

Es la risa contenida y la felicidad encontrada en los pequeños detalles.

Es la aceptación y la recreación en lo mínimo, porque lo mínimo lo es todo.

Es encontrar el sabor dulce en donde los demás sólo encuentran lo insípido, y es la incapacidad de mostrarles lo que hemos encontrado y la persistencia en intentar descubrírselo.

Xivares también es la perdida momentánea de ese lugar, al que después, y sin saber muy bien por qué, afortunadamente, regresamos.

Xivares son las olas y es la espera..., y quizás más sea la espera que las olas. Es el viaje y las vistas, y no el destino. Es sentarse a contemplar el infinito para ver si somos capaces de mirarnos adentro.

Xivares es la fe que nos empuja a seguir buscando.


-Vamos a Xivares, a ver si hay algo.


martes, enero 25, 2005

Snob de andar por casa (pero snob)

Una vieja y machacada edición de la Poética de Aristóteles de Valentín García Yebra, una edición de bolsillo –muy gruesa y con las tapas dobladas- de los Cuentos Completos de Asimov y una de Zen en el Arte del tiro con arco de Eugen Herrigel –esta, en su día, me costó mucho conseguirla- descansan aburridas sobre la mesita que está al lado del sofá.

Mientras, leo el InStyle y como galletas con fibra y pasas -¡qué rica está la fibra..., tan insípida ella!-, y me meto el dedo en la boca para intentar despegarme las pasas de las muelas – pues la lengua ya está exhausta de intentarlo-. En la tele, un programa de corazón donde los contertulios se gritan y hacen aspavientos, aunque no lo oigo, porque tengo la tele sin volumen. Escucho de fondo a Death Cab for Cutie.

Creo que Jennifer Aniston estaba mejor con su anterior look, este la hace parecer demasiado delgada, sin volumen, como si estuviese de perfil continuamente.

Me levanto a fregar los platos y me llevo el libro de Asimov. Mojo las páginas del relato “¿Qué es esa cosa llamada amor?” porque me empeño en leerlo mientras seco las tazas.

Rompo una de ellas.

lunes, enero 24, 2005

Tú, mi Abigail, bella de Kilronan

Los eucaliptos que sierran el cielo al dejar Asturias cuando viajas al Este. El color irreal de los Picos de Europa, vistos desde la A8 al amanecer, en un día sin nubes de invierno. Concentrarse en el tacto del volante y sentirlo como si lo explorases por primera vez, en un cálido gesto a salvo del frío que seguro hace fuera -al menos, eso dice la escarcha que brilla en los prados. Pensar en el regreso, mientras escucho a Stephen Merritt…

I'm off to the war but you can be sure
I will know you're what I'm fighting for...

domingo, enero 23, 2005

Escuchando la vida

Inauguro, en esta reorganización de pensamientos que es Xivares, la serie “Escuchando la vida”. Historias que me pasan rozando y que, de alguna manera, me impresionan.

Aquí va la primera:


El "Know-how"

Y llegamos a IKEA, una nave llena de viviendas sin inquilinos. Salones, dormitorios, cocinas y baños que esperan habitantes. Su orden meticuloso y su, a ratos, estudiado desaliño sólo es producto de su falta de vida. Y por allí pululando, gente en busca de artefactos con los que llenar su existencia.

Veo a una pareja escoger una cama en la que quizás conciban a sus hijos..., y sé que, mientras se sientan en ella para probarla, no son conscientes de ello. Ella piensa en qué tal quedaría con las mesitas que heredó de su abuela, esas que le gustan tanto porque le recuerdan su infancia, cuando su padres salían y ella se quedaba a dormir en casa de la "yaya". Mientras, él piensa en el modo de financiación y en el aumento de sueldo que sabe que se merece -Joder, si curro como un perro-.

Los vuelvo a ver después en la planta baja.
-Así que tenemos que montarlo nosotros.
-Pues sí, pero es facilísimo.

Y les miro, y me ven mirando. Y sonrío, y me sonríen.

Montar la cama, montar su vida... Espero que tengan buenas herramientas. Les aconsejaría que tuviesen una llave allen para la cama, pero no sé muy bien la herramienta necesaria para el resto...

lunes, enero 17, 2005

A una mujer que llueve...

Esta es la letra de una canción del primer disco de Ryan Adams en solitario, aunque podría estar en el Strangers Almanac de sus repudiados Whiskeytown.

La cuelgo porque tiene una imagen con muchísima fuerza. Cuando la escucho veo perfectamente el puesto de fruta de NY, como en una foto tomada con una Holga: con los colores muy vivos, pero quemada por los bordes...

Y porque… ¡coño, Sam, yo también quiero a una mujer que llueve…!

Damn, Sam (I Love A Woman That Rains)

As a man I ain't never been much for sunny days

I'm as calm as a fruit stand in New York and maybe as strange
But when the color goes out of my eyes its usually the change

But damn Sam I love a woman that rains
Clear as a bell and sound as an old engineer
Clear as a bell and sound as an old engineer
With talented breezes that blow off your hat with a sneer

As a man I've never been much for talking to
I'm as open as the door in her house that leads to her room
And when the color goes out of my eyes she's usually too

But damn Sam I love a woman that's blue
As a man I aint never been much for sunny days
I'm as calm as a fruit stand in New York and maybe as strange
But when the color goes out of my eyes its usually the change
But damn Sam I love a woman that rains

Ryan Adams - Heartbreaker

domingo, enero 16, 2005

Acción de gracias

Tengo tantas gracias que dar que me pesan en el ánimo y me impiden seguir. Debo ir librándome de ellas poco a poco. Debo ir repartiéndolas a aquellos que las merecen, que son muchos. Todas esas deudas, todas esas cosas que he dado por hechas, por sentadas. Todos los actos no agradecidos, todos los asumidos como necesarios, como obligatorios. Todos esos que, al final, son los importantes.

Gracias he de dar. Gracias tantas como días revividos, como silencios cobardes por no decir "gracias". Pero ahora, para seguir, he de ir soltando lastre, saldando deudas...

Aquí comienzo:

Gracias.

... Ahora sólo falta la acción.

sábado, enero 15, 2005

Estreno (Declaración de intenciones)

¿No sé qué me ha hecho decidirme a crear un blog? Supongo que cierto afán de exhibicionismo.

Como lector de vidas ajenas he comprobado que “enseñarse” reconforta. Casi todos los diarios que he leído trasmiten una visión amable de la vida. Parece que sus autores disfrutan viviendo y exorcizan sus males volcándolos en la Red.

Quizá sea que sólo he seguido leyendo los que son de ese tipo…
… porque son los que me interesan.

Este, el mío, intentará lo mismo: Trasmitir a sus lectores, pero sobre todo, trasmitirme a mí –recordarme- las cosas buenas de este valle de lágrimas… El porqué de levantarse, el porqué de caminar…

Con esta declaración de intenciones damos el primer paso.

Comienza el camino.