viernes, febrero 10, 2012

Francia nos une

Nada une tanto como un enemigo común, a pesar de lo que diga el refranero. El vecino del cuarto, enemistado con el del quinto por poner la música alta y por sacudir las migas del mantel sobre su ropa colgada del tendedero del patio interior, se abraza a su archienemigo cuando hay que debatir sobre la ampliación de las horas de la calefacción con los de portal de al lado, con quienes comparten caldera, porque no es culpa suya si los demás están orientados al norte y pasan frío, que vayan a por un polar al Lidl, porque ellos no van a pagar los fríos de otros y, encima, pasar calor en casa. Las cosas, saben ustedes, que muchas veces son así.

El Marca y el Sport, El País y La Razón, El Comercio y La Nueva, los del Sporting y los del Oviedo, los del Barça y los del Madrid, los que tienen y los que no… Todos, a este lado de los Pirineos, estamos indignados con nuestros vecinos de arriba. (Últimamente sabemos más de indignación que de dignidad. Estar indignado es lo más “in”). Y es que los franceses, cansados de perder a la peonza, al cascayu, a las chapas, a la brisca y hasta al Súper Mario, se han empeñado en decir que hacemos trampas. Que todos los españoles ganamos -les ganamos- por hacer trampas.

A Contador, como ya saben de memoria, le encontraron hace dos años un picogramo de clembuterol en la sangre (que al parecer es muy poco, pero que expresado en esa medida a mí me suena a droga de los 80), y el TAS le ha sancionado a dos años sin competir y le ha retirado todos los títulos que ganó tras ese análisis, entre ellos un Tour y un Giro. La cantidad, según los expertos, no es determinante para alterar el rendimiento deportivo y, de hecho, la sanción dice que probablemente se deba a que ingirió un suplemento alimenticio –un barra energética de esas que comen sin bajarse de la bici, vamos– en mal estado. Aún así, y cumpliendo lo que dice la ley, que es que no se puede encontrar el más mínimo rasgo de esa sustancia en la sangre de un ciclista, deciden sancionarlo con una dureza, para algunos, desmedida.

Pero eso que nos molestado a casi todos no es nada comparado con la indignación (ven qué de moda está el vocablo) que nos han provocado los malísimos monigotes del Canal Plus francés, en donde meten a todos los deportistas españoles que les mean en los terrenos de juego en el mismo saco, haciendo gala los galos de un humor insidioso (como diría Rajoy) y difamatorio.

Nadal, Gasol, Casillas… son calumniados por los chovinistas vecinos de mal perder. Y España, una España unida frente al invasor napoleónico, clama en su contra.

Si nos uniésemos así en todo, igual no solo seríamos potentes en los deportes.

1 comentario:

Mobo dijo...

Se nota que nos importa y bastante lo que dicen los franceses, a mí plin,